El misterio de los anti-regalos
“A ver si consigo apelar a tu niña interior” me puso en su dedicatoria la autora… Un deseo tal vez camuflado en la corriente de la costumbre (por su fácil oralidad) y, sin embargo, ¡qué difícil es que la infancia nos pinte los ojos!
En tu caso, querida Bárbara, no solo has desempolvado esa edad que bosteza en las telarañas de la nostalgia, también ha salido a flote otro tiempo idealizado por mamis y papis, ese en el que contar cuentos a nuestros hijos genera un vínculo de exclusividad tan especial como inexplicable.
El Misterio de los Anti-regalos se cuece al calor de un mercado navideño en la bella Viena, donde es fácil intuir el trasiego de gente con sus narices coloradas encendiendo de ilusión las calles. En este magnífico decorado Victoria y su perro-mofeta Glint vivirán una aventura mágica junto con Gwenda y Garnet, los artistas de “El Rincón Encantador”, una preciosa tiendecita de originales obsequios. Entre los cuatro tendrán que descubrir quién está detrás de los “anti-regalos” que están recibiendo todos los habitantes de la ciudad.
La trama nos embauca enseguida en torno a tres ingredientes principales: la intriga, que va in crescendo alrededor de todos los posibles candidatos al “malo de la película”; el humor (el momento palomas con los escobazos y el baile sobre la harina es estelar); y la sorpresa (me enamoré del regalo final para nuestros protagonistas). Pero sin duda el hilo que cose toda la historia, el tejido sobre el que la autora nos hace flotar es esa bendita inocencia que emana de cada una de las páginas, soportada también en sus preciosas ilustraciones, y que nos permite descansar la conciencia en su mullido abrazo.
El Misterio de los Anti-Regalos es un chute a esa candidez luminosa que nos invita a sonreír con los spoilers que hacen algunos de los títulos de sus capítulos; un sorbo del idealismo que se aleja mientras nos hacemos adultos; una reivindicación de la ilusión y de esa inocencia de la que Ana María Matute decía “nos quieren despertar a bofetadas”.
En este caso es todo lo contrario, las pupilas se nos dilatan en el trastero de la infancia con sus “gallestas y gallotras”, con sus brújulas mágicas y esas velas cuya llama cambia de color que, por cierto, ¿a quién me dirijo para conseguir una?
No me sorprende, en cualquier caso, la habilidad de la autora en la narración de esta obra, pues se le ve el “plumero” (léase talento) en la originalidad de sus contenidos y en su creatividad contando historias. Solo tienes que pasarte por su perfil de Instagram @barbara_naters y echar un vistazo para ver el mimo que pone en todas sus publicaciones.
Querida Bárbara, objetivo cumplido. Me has convencido sin malabarismos artificiosos, con pura sencillez y autenticidad. Has reflotado a la niña y has rejuvenecido a la mami…
¿No es un precioso regalo rescatarnos, de vez en cuando, de nosotros mismos?
¡Gracias!
“A ver si consigo apelar a tu niña interior” me puso en su dedicatoria la autora… Un deseo tal vez camuflado en la corriente de la costumbre (por su fácil oralidad) y, sin embargo, ¡qué difícil es que la infancia nos pinte los ojos!
En tu caso, querida Bárbara, no solo has desempolvado esa edad que bosteza en las telarañas de la nostalgia, también ha salido a flote otro tiempo idealizado por mamis y papis, ese en el que contar cuentos a nuestros hijos genera un vínculo de exclusividad tan especial como inexplicable.
El Misterio de los Anti-regalos se cuece al calor de un mercado navideño en la bella Viena, donde es fácil intuir el trasiego de gente con sus narices coloradas encendiendo de ilusión las calles. En este magnífico decorado Victoria y su perro-mofeta Glint vivirán una aventura mágica junto con Gwenda y Garnet, los artistas de “El Rincón Encantador”, una preciosa tiendecita de originales obsequios. Entre los cuatro tendrán que descubrir quién está detrás de los “anti-regalos” que están recibiendo todos los habitantes de la ciudad.
La trama nos embauca enseguida en torno a tres ingredientes principales: la intriga, que va in crescendo alrededor de todos los posibles candidatos al “malo de la película”; el humor (el momento palomas con los escobazos y el baile sobre la harina es estelar); y la sorpresa (me enamoré del regalo final para nuestros protagonistas). Pero sin duda el hilo que cose toda la historia, el tejido sobre el que la autora nos hace flotar es esa bendita inocencia que emana de cada una de las páginas, soportada también en sus preciosas ilustraciones, y que nos permite descansar la conciencia en su mullido abrazo.
El Misterio de los Anti-Regalos es un chute a esa candidez luminosa que nos invita a sonreír con los spoilers que hacen algunos de los títulos de sus capítulos; un sorbo del idealismo que se aleja mientras nos hacemos adultos; una reivindicación de la ilusión y de esa inocencia de la que Ana María Matute decía “nos quieren despertar a bofetadas”.
En este caso es todo lo contrario, las pupilas se nos dilatan en el trastero de la infancia con sus “gallestas y gallotras”, con sus brújulas mágicas y esas velas cuya llama cambia de color que, por cierto, ¿a quién me dirijo para conseguir una?
No me sorprende, en cualquier caso, la habilidad de la autora en la narración de esta obra, pues se le ve el “plumero” (léase talento) en la originalidad de sus contenidos y en su creatividad contando historias. Solo tienes que pasarte por su perfil de Instagram @barbara_naters y echar un vistazo para ver el mimo que pone en todas sus publicaciones.
Querida Bárbara, objetivo cumplido. Me has convencido sin malabarismos artificiosos, con pura sencillez y autenticidad. Has reflotado a la niña y has rejuvenecido a la mami…
¿No es un precioso regalo rescatarnos, de vez en cuando, de nosotros mismos?
¡Gracias!

