La amiga estupenda, amistad de supervivencia

por | Abr 29, 2026 | Blog | 0 Comentarios

La amiga estupenda

Llevaba tiempo siguiendo la pista a esta autora, o autor, o quienquiera que se encuentre bajo el pseudónimo de Elena Ferrante, pero a veces me sacan de foco esos titulares grandilocuentes: “La amiga estupenda”, mejor libro del siglo XXI, según The New York Times (17/7/2024)

Forman parte del juego digital de nuestra era. Cuánto más pomposa, ruidosa o morbosa sea la afirmación, más click neuro compulsivo, y allá que vamos todos en masa no vayamos a ser los destinatarios del pedante “¿no te has enterado?” y se nos quede cara de bobos.

Así que te cuento que sumergirme en la narración de esta cruda amistad femenina ambientada en el conflictivo Nápoles de posguerra me ha dejado un gusto agridulce, porque sí, la he disfrutado, pero no sé si esperaba que se me cayera la piel a cachos de la emoción porque tampoco me ha resultado tan excepcional. ¿Comparado con qué?, podría decir cualquiera. Pues supongo que cada uno valora lo que se siente en función de su propia experiencia lectora y, efectivamente, este libro no está entre los que me han roto por dentro.

Amistad y personajes

Dicho esto, a la obra le reconozco dos méritos que, a mi juicio, están resueltos magníficamente por la autora: la nobleza con la que se relata la amistad y lo vivos vivísimos que están los personajes. 

En el primer caso, la diligente y obediente Elena (Lenu), narradora de la historia, nos cuenta cómo arraiga su relación con la carismática y salvaje Lila sin esa manía infantil de sacralizar la amistad, como si por el hecho de originarse llevara implícita una perfección imposible. Lenu confiesa la admiración ciega que siente por su amiga, y digo ciega porque está tan deslumbrada por Lila que su propia autoestima fluctúa a la sombra de ella. Y por eso, precisamente, es tan fácil comprender la envidia que le inspira, los celos y la necesidad intelectual que tiene de ir un paso por delante de su amiga, porque Lila no tiene medios para estudiar, pero su feroz inteligencia la impulsa a una capacidad autodidacta tan suficiente que siempre parece brillar bajo un sol diferente.

No es una amistad incondicional. Es una amistad de supervivencia. De rivalidad constante, de suspicacias conmovedoras, pero también de ese cariño real que nace bajo realidades ásperas y no se doblega al menor contratiempo. Es una amistad de calculada distancia que se renueva en cada acercamiento.

Y esto me lleva a resaltar la construcción sobresaliente de los personajes, especialmente de los principales porque salen muchísimos y a veces es difícil seguir la pista de todos. No obstante, no es un libro coral, Lenu y Lila son las reinas de la fiesta y consiguen un revestimiento corpóreo tan solvente que escapan de las páginas para situarse ahí, junto a ti en el bus mientras lees, en el sofá, en la cama, en la sala de espera del médico, analizando escrupulosamente tus reacciones a la trama.

He conseguido verlas y sentirlas en todo su esplendor, y me he preguntado muchas, muchísimas veces, cómo hubiera sido tal escena contada por Lila, en vez de Lenu. Son tan diferentes que sospecho que la historia parecería otra.

Reconocidos los méritos confieso que el ritmo narrativo me ha provocado cierta zozobra. De la deleitosa zambullida inicial en la historia he pasado a un valle algo tedioso que nuevamente remonta en la parte final con una sensación global satisfactoria. Sin embargo, no tengo muy claro si seguiré profundizando en esta ardua amistad (la saga se compone de cuatro libros), al menos de momento, lo cual es el indicio irrefutable de que La amiga estupenda, en mi caso, ha sido motivo de aplauso, pero no de obnubilada ovación.

 

La amiga estupenda

Llevaba tiempo siguiendo la pista a esta autora, o autor, o quienquiera que se encuentre bajo el pseudónimo de Elena Ferrante, pero a veces me sacan de foco esos titulares grandilocuentes: “La amiga estupenda”, mejor libro del siglo XXI, según The New York Times (17/7/2024)

Forman parte del juego digital de nuestra era. Cuánto más pomposa, ruidosa o morbosa sea la afirmación, más click neuro compulsivo, y allá que vamos todos en masa no vayamos a ser los destinatarios del pedante “¿no te has enterado?” y se nos quede cara de bobos.

Así que te cuento que sumergirme en la narración de esta cruda amistad femenina ambientada en el conflictivo Nápoles de posguerra me ha dejado un gusto agridulce, porque sí, la he disfrutado, pero no sé si esperaba que se me cayera la piel a cachos de la emoción porque tampoco me ha resultado tan excepcional. ¿Comparado con qué?, podría decir cualquiera. Pues supongo que cada uno valora lo que se siente en función de su propia experiencia lectora y, efectivamente, este libro no está entre los que me han roto por dentro.

Amistad y personajes

Dicho esto, a la obra le reconozco dos méritos que, a mi juicio, están resueltos magníficamente por la autora: la nobleza con la que se relata la amistad y lo vivos vivísimos que están los personajes. 

En el primer caso, la diligente y obediente Elena (Lenu), narradora de la historia, nos cuenta cómo arraiga su relación con la carismática y salvaje Lila sin esa manía infantil de sacralizar la amistad, como si por el hecho de originarse llevara implícita una perfección imposible. Lenu confiesa la admiración ciega que siente por su amiga, y digo ciega porque está tan deslumbrada por Lila que su propia autoestima fluctúa a la sombra de ella. Y por eso, precisamente, es tan fácil comprender la envidia que le inspira, los celos y la necesidad intelectual que tiene de ir un paso por delante de su amiga, porque Lila no tiene medios para estudiar, pero su feroz inteligencia la impulsa a una capacidad autodidacta tan suficiente que siempre parece brillar bajo un sol diferente.

No es una amistad incondicional. Es una amistad de supervivencia. De rivalidad constante, de suspicacias conmovedoras, pero también de ese cariño real que nace bajo realidades ásperas y no se doblega al menor contratiempo. Es una amistad de calculada distancia que se renueva en cada acercamiento.

Y esto me lleva a resaltar la construcción sobresaliente de los personajes, especialmente de los principales porque salen muchísimos y a veces es difícil seguir la pista de todos. No obstante, no es un libro coral, Lenu y Lila son las reinas de la fiesta y consiguen un revestimiento corpóreo tan solvente que escapan de las páginas para situarse ahí, junto a ti en el bus mientras lees, en el sofá, en la cama, en la sala de espera del médico, analizando escrupulosamente tus reacciones a la trama.

He conseguido verlas y sentirlas en todo su esplendor, y me he preguntado muchas, muchísimas veces, cómo hubiera sido tal escena contada por Lila, en vez de Lenu. Son tan diferentes que sospecho que la historia parecería otra.

Reconocidos los méritos confieso que el ritmo narrativo me ha provocado cierta zozobra. De la deleitosa zambullida inicial en la historia he pasado a un valle algo tedioso que nuevamente remonta en la parte final con una sensación global satisfactoria. Sin embargo, no tengo muy claro si seguiré profundizando en esta ardua amistad (la saga se compone de cuatro libros), al menos de momento, lo cual es el indicio irrefutable de que La amiga estupenda, en mi caso, ha sido motivo de aplauso, pero no de obnubilada ovación.

 

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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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