Las que no duermen. Nash

por | Feb 20, 2025 | Blog | 0 Comentarios

Las que no duermen. Nash

Dulce regreso a los Valles Tranquilos, a esa atmósfera casi de fábula tan bien recreada por Dolores Redondo en su renombrada trilogía y por la que la autora se ha erigido en una de las más importantes voces del mystic noir español.

No te va a costar ni un suspiro el retorno pues “Las que no duermen. Nash” mantiene el mismo patrón: Valle del Baztán + cadáver adolescente + investigadora con vida misteriosa detrás + mística. Y sí, también nos reencontraremos con Amaia Salazar en un papel secundario que, personalmente, me ha sabido a poco.

La protagonista en esta ocasión es la doctora Nash Elizondo, una psicóloga forense que rastrea las huellas de la brujería por el Pirineo navarro y que, investigando una “sorginkobak”, una las muchas cuevas de brujas que se dispersan por el País Vasco, descubre primero el cuerpo de una chica asesinada hace tres años, y restos humanos con distintas datas, después, algunos antiquísimos que se remontan a las leyendas de las brujas de Zugarramurdi. Y aquí empieza a devanarse la historia.

Reconozco que si por algo me gusta el estilo de la Redondo es porque sus thrillers parten de mitos reales profundamente ligados a la herencia cultural de un territorio concreto. Es decir, ancla su ficción en creencias absolutamente auténticas que, nacidas del folclore o la superstición, han dado lugar a sucesos de distinta naturaleza perfectamente documentados.

Si en la trilogía del Baztan asoció los crímenes a la leyenda del basajaun, en “Las que no duermen. Nash” entran en juego las sorginak, brujas que dan un color sepia y a veces inquietante a la novela, pero que también vehiculan la trama en una perspectiva absolutamente femenina. No es que no haya personajes masculinos, es que todo el meollo sucede en torno a ellas: la doctora Nash, la joven muerta, las brujas, Amaia Salazar y las hechizantes mujeres Mitxelena, que por alguna razón se me antojan las almas blancas de la narración. En torno a todas ellas, las que no duermen, se recrea un universo paralelo de intuición e inconformismo, de iniciativa e imaginación; de astucia y rebeldía. Un universo que visualizamos al detalle gracias a la cinematográfica forma de narrar de Dolores Redondo, que además gradúa con gran acierto el ritmo del relato con la tensión de todo lo que va aconteciendo. 

¿Qué no me ha gustado?

No sé si ha sido asesoramiento editorial o un alarde de pura vanidad, pero la autora hace mención en el desarrollo del relato de su propia trilogía, la del Baztan, y se cita a sí misma como La Redondo. Personalmente me sacó de la lectura. No lo entendí, me pareció pretencioso y del todo innecesario.

Dicho esto, que por otra parte es un mal menor además de muy subjetivo, apunta que esta nueva saga es una tetralogía: Esperando al diluvio (2022) – Las que no duermen. Nash (2024) y otros dos más que están por publicarse. Lo bueno es que las historias son autoconclusivas y no correlativas, es decir, las puedes leer de forma aleatoria e independiente. No obstante, la Redondo se cuida mucho y bien en dejar algunos flecos en el aire para que no desestimemos la continuación.

Las que no duermen. Nash

Dulce regreso a los Valles Tranquilos, a esa atmósfera casi de fábula tan bien recreada por Dolores Redondo en su renombrada trilogía y por la que la autora se ha erigido en una de las más importantes voces del mystic noir español.

No te va a costar ni un suspiro el retorno pues “Las que no duermen. Nash” mantiene el mismo patrón: Valle del Baztán + cadáver adolescente + investigadora con vida misteriosa detrás + mística. Y sí, también nos reencontraremos con Amaia Salazar en un papel secundario que, personalmente, me ha sabido a poco.

La protagonista en esta ocasión es la doctora Nash Elizondo, una psicóloga forense que rastrea las huellas de la brujería por el Pirineo navarro y que, investigando una “sorginkobak”, una las muchas cuevas de brujas que se dispersan por el País Vasco, descubre primero el cuerpo de una chica asesinada hace tres años, y restos humanos con distintas datas, después, algunos antiquísimos que se remontan a las leyendas de las brujas de Zugarramurdi. Y aquí empieza a devanarse la historia.

Reconozco que si por algo me gusta el estilo de la Redondo es porque sus thrillers parten de mitos reales profundamente ligados a la herencia cultural de un territorio concreto. Es decir, ancla su ficción en creencias absolutamente auténticas que, nacidas del folclore o la superstición, han dado lugar a sucesos de distinta naturaleza perfectamente documentados.

Si en la trilogía del Baztan asoció los crímenes a la leyenda del basajaun, en “Las que no duermen. Nash” entran en juego las sorginak, brujas que dan un color sepia y a veces inquietante a la novela, pero que también vehiculan la trama en una perspectiva absolutamente femenina. No es que no haya personajes masculinos, es que todo el meollo sucede en torno a ellas: la doctora Nash, la joven muerta, las brujas, Amaia Salazar y las hechizantes mujeres Mitxelena, que por alguna razón se me antojan las almas blancas de la narración. En torno a todas ellas, las que no duermen, se recrea un universo paralelo de intuición e inconformismo, de iniciativa e imaginación; de astucia y rebeldía. Un universo que visualizamos al detalle gracias a la cinematográfica forma de narrar de Dolores Redondo, que además gradúa con gran acierto el ritmo del relato con la tensión de todo lo que va aconteciendo. 

¿Qué no me ha gustado?

No sé si ha sido asesoramiento editorial o un alarde de pura vanidad, pero la autora hace mención en el desarrollo del relato de su propia trilogía, la del Baztan, y se cita a sí misma como La Redondo. Personalmente me sacó de la lectura. No lo entendí, me pareció pretencioso y del todo innecesario.

Dicho esto, que por otra parte es un mal menor además de muy subjetivo, apunta que esta nueva saga es una tetralogía: Esperando al diluvio (2022) – Las que no duermen. Nash (2024) y otros dos más que están por publicarse. Lo bueno es que las historias son autoconclusivas y no correlativas, es decir, las puedes leer de forma aleatoria e independiente. No obstante, la Redondo se cuida mucho y bien en dejar algunos flecos en el aire para que no desestimemos la continuación.

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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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