Criminalizar a las bibliotecarias
En octubre de 2021, el representante de la Cámara de Texas, Matt Krause, emitió una lista de 850 libros para que las escuelas los revisaran por contenido obsceno, instando a los funcionarios a desarrollar estándares para asegurar que se eliminara la “pornografía” y cualquier tema que pudiera hacer sentir a los estudiantes “incomodidad, culpa o angustia”. La mayoría de los libros señalados contenían temas raciales o LGTBIQ+.
Desde entonces, la lista de obras censuradas en EE.UU se eleva ya a 25.000, según datos de la PEN America (Freedom to Write), con gran afectación en los dos últimos años a obras de autores hispanoamericanos: Cien años de soledad, La casa de los espíritus... Sin embargo, lo peor es que en torno a esta lujuria prohibicionista ha surgido todo un movimiento centrado, básicamente, en criminalizar a las bibliotecarias.
Y en eso quiero poner el foco en este post porque tras ver el documental «EEUU, censura a las bibliotecarias» el golpe de realidad es tan distópico e incomprensible que no podía pasarlo por alto. El reportaje cuenta cómo esta legislación paranoica, que se extiende ya por todo EEUU, ha producido una escalada de tensiones de tal magnitud que ha puesto en el punto de mira a las bibliotecarias como si fueran peligrosas delincuentes dedicadas a ensuciar las mentes de sus lectores. Y hablo exclusivamente en femenino porque, una vez más, para qué ser originales, es a la bibliotecaria mujer a la que se persigue.

Documental: EEUU, censura a las bibliotecarias
Plataforma: Movistar
Título original: The Librarians, 2025
Duración: 1h 32min
Directora: Kim A. Snyder
Los testimonios de estas funcionarias son terribles. Demoledores. Servidoras públicas que durante toda su vida se han dedicado a defender los libros y fomentar su lectura casi como un acto de amor, son señaladas con nombres y apellidos, amenazadas y hostigadas en sus domicilios, ellas y sus familias, en un acoso repugnante al estilo Ku Klux Klan. La única diferencia es que ahora van, iba a decir a cara, pero creo que pega más a pecho descubierto. Incluso se dan fuertes puñetazos en los pezones para manifestar su superioridad moral.

Moms of Liberty
¿Y quién se encarga de hacer los señalamientos? Pues es muy interesante. ¿Te suena la organización Moms of Liberty? Se autodefinen como movimiento moderno de derechos de los padres, un grupo que quiere intervenir en las escuelas para eliminar material diverso e inclusivo de los planes de estudios. Lo cierto es que la reconocida organización Southern Poverty Law Center (SPLC) lo ha calificado como grupo «extremista» porque, entre otras cosas, en la pandemia se opuso al uso de mascarillas y los cierres de escuelas; por usar y propagar terminología nazi en sus cada vez más concurridas conferencias y, sí, porque sobre todo luchan para eliminar de los temarios de las aulas la inclusión racial y la educación sexual y de género con estrategias que traspasan todas las líneas y llegan a lo mafioso.
Moms of Liberty, cuya página web se abre con la cita: «Los niños deben ser educados e instruidos en principios de libertad» (qué risa) se ha convertido en un poderosísimo grupo político ultraconservador en EEUU. De sus filas surgen despiadadas campañas de difamación, acoso y derribo contra las bibliotecarias a las que acusan de divulgar pornografía infantil y de ser cómplices contaminadoras de inocentes ciudadanos. La persecución, la calumnia y los ataques personales han culminado en el despido de muchas bibliotecarias, cuando no en su cese voluntario.

Y a cobijo de estas campañas brotan secuaces necesarios. En Tenneessee, por ejemplo, la fiscal del distrito deja frases como “algunos libros pueden cruzar una línea delictiva, se llama contribuir a la delincuencia de un menor”; en Granbury, Texas, agentes policiales presentan cargos contra bibliotecarias por facilitar libros a los estudiantes que la gente considera obscenos, como si fueran traficantes de porno. Dicen: “algunos libros entran en conflicto con el código penal y las sospechosas son las bibliotecarias”. En el condado de Llano (Texas) ante la resolución de un juez federal de devolver a las bibliotecas todos los libros prohibidos, sus representantes políticos se plantearon cerrarlas, aunque afortunadamente no lo lograron.
La batalla cultural
Endiosado por el apoyo mediático, financiero (donaciones millonarias) y político que recibe, el grupo Moms of Liberty ha pasado del activismo ultraconservador en los consejos escolares (actualmente tienen presencia en 48 de los 50 estados del país) a asistir a cumbres internacionales de la extrema derecha. Quieren dar la batalla cultural, y como en cada país tenemos a nuestros propios adalides de la Santa Inquisición es un hecho que, si no ponemos remedio, ver a nuestras propias bibliotecarias señaladas y perseguidas será cuestión de tiempo.
Esos extremos delirantes que en nombre ¿de la libertad? usurpan la nuestra y que bajo una hipocresía obscena se erigen en barrenderos de la suciedad que generan sus propias mentes, quieren ser los custodios de nuestra moral, y como esa policía del pensamiento dispuesta por el Gran Hermano de Orwell, anhelan asomarse a nuestras cabezas para ver si la tenemos amueblada “solo” con lo que ellos dictan oportuno. El resto a la hoguera (en EEUU ya las hay). Fahrenheit 451 es un sueño húmedo para ellos.
Resistencia
Pero hay espacio para la resistencia y no todas las bibliotecarias (no enjuiciamos a ninguna, faltaría más) claudican al chantaje. Martha Hickson (Nueva Jersey), perseguida y amenazada de muerte, deja la frase: «cuando alguien hace una lista de libros impuros y los censura, va en contra de todos esos niños que entran en la biblioteca buscando un espacio seguro. Eso es lo intolerable». Ella, junto con muchas otras del colectivo, han empezado a organizarse para no sentirse solas, para alejarse de la desprotección y el abandono administrativo. Han iniciado una lucha en defensa de todos esos autores que un día se vaciaron para el mundo y escribieron obras que nos marcaron, nos ayudaron, nos transformaron, nos conmovieron, nos iluminaron, nos…
Y juntas, las bibliotecarias están contagiando su fortaleza y su energía a otras personas que, como ellas, no tienen miedo de leer, que se sienten poderosas al leer, y que quieren defender la libertad intelectual como un valor irrenunciable e innegociable porque, en definitiva, los libros solo reflejan lo que está dentro de nosotros mismos.

Amanda M. Jones en su libro That Librarian: The Fight Against Book Banning in America una de las bibliotecarias del documental señaladas y perseguidas. La autora defiende el valor de los libros para afirmar la identidad de los jóvenes. That Librarian mapea la crisis de prohibición de libros que afecta a los EEUU, delineando las líneas de batalla en la lucha por la equidad y la inclusión y haciendo un llamamiento a todos los amantes de los libros a defender la libertad de lectura.
En octubre de 2021, el representante de la Cámara de Texas, Matt Krause, emitió una lista de 850 libros para que las escuelas los revisaran por contenido obsceno, instando a los funcionarios a desarrollar estándares para asegurar que se eliminara la “pornografía” y cualquier tema que pudiera hacer sentir a los estudiantes “incomodidad, culpa o angustia”. La mayoría de los libros señalados contenían temas raciales o LGTBIQ+.
Desde entonces, la lista de obras censuradas en EE.UU se eleva ya a 25.000, según datos de la PEN America (Freedom to Write), con gran afectación en los dos últimos años a obras de autores hispanoamericanos: Cien años de soledad, La casa de los espíritus... Sin embargo, lo peor es que en torno a esta lujuria prohibicionista ha surgido todo un movimiento centrado, básicamente, en criminalizar a las bibliotecarias.
Y en eso quiero poner el foco en este post porque tras ver el documental «EEUU, censura a las bibliotecarias» el golpe de realidad es tan distópico e incomprensible que no podía pasarlo por alto. El reportaje cuenta cómo esta legislación paranoica, que se extiende ya por todo EEUU, ha producido una escalada de tensiones de tal magnitud que ha puesto en el punto de mira a las bibliotecarias como si fueran peligrosas delincuentes dedicadas a ensuciar las mentes de sus lectores. Y hablo exclusivamente en femenino porque, una vez más, para qué ser originales, es a la bibliotecaria mujer a la que se persigue.

Documental: EEUU, censura a las bibliotecarias
Plataforma: Movistar
Título original: The Librarians, 2025
Duración: 1h 32min
Directora: Kim A. Snyder
Los testimonios de estas funcionarias son terribles. Demoledores. Servidoras públicas que durante toda su vida se han dedicado a defender los libros y fomentar su lectura casi como un acto de amor, son señaladas con nombres y apellidos, amenazadas y hostigadas en sus domicilios, ellas y sus familias, en un acoso repugnante al estilo Ku Klux Klan. La única diferencia es que ahora van, iba a decir a cara, pero creo que pega más a pecho descubierto. Incluso se dan fuertes puñetazos en los pezones para manifestar su superioridad moral.

Moms of Liberty
¿Y quién se encarga de hacer los señalamientos? Pues es muy interesante. ¿Te suena la organización Moms of Liberty? Se autodefinen como movimiento moderno de derechos de los padres, un grupo que quiere intervenir en las escuelas para eliminar material diverso e inclusivo de los planes de estudios. Lo cierto es que la reconocida organización Southern Poverty Law Center (SPLC) lo ha calificado como grupo «extremista» porque, entre otras cosas, en la pandemia se opuso al uso de mascarillas y los cierres de escuelas; por usar y propagar terminología nazi en sus cada vez más concurridas conferencias y, sí, porque sobre todo luchan para eliminar de los temarios de las aulas la inclusión racial y la educación sexual y de género con estrategias que traspasan todas las líneas y llegan a lo mafioso.
Moms of Liberty, cuya página web se abre con la cita: «Los niños deben ser educados e instruidos en principios de libertad» (qué risa) se ha convertido en un poderosísimo grupo político ultraconservador en EEUU. De sus filas surgen despiadadas campañas de difamación, acoso y derribo contra las bibliotecarias a las que acusan de divulgar pornografía infantil y de ser cómplices contaminadoras de inocentes ciudadanos. La persecución, la calumnia y los ataques personales han culminado en el despido de muchas bibliotecarias, cuando no en su cese voluntario.

Y a cobijo de estas campañas brotan secuaces necesarios. En Tenneessee, por ejemplo, la fiscal del distrito deja frases como “algunos libros pueden cruzar una línea delictiva, se llama contribuir a la delincuencia de un menor”; en Granbury, Texas, agentes policiales presentan cargos contra bibliotecarias por facilitar libros a los estudiantes que la gente considera obscenos, como si fueran traficantes de porno. Dicen: “algunos libros entran en conflicto con el código penal y las sospechosas son las bibliotecarias”. En el condado de Llano (Texas) ante la resolución de un juez federal de devolver a las bibliotecas todos los libros prohibidos, sus representantes políticos se plantearon cerrarlas, aunque afortunadamente no lo lograron.
La batalla cultural
Endiosado por el apoyo mediático, financiero (donaciones millonarias) y político que recibe, el grupo Moms of Liberty ha pasado del activismo ultraconservador en los consejos escolares (actualmente tienen presencia en 48 de los 50 estados del país) a asistir a cumbres internacionales de la extrema derecha. Quieren dar la batalla cultural, y como en cada país tenemos a nuestros propios adalides de la Santa Inquisición es un hecho que, si no ponemos remedio, ver a nuestras propias bibliotecarias señaladas y perseguidas será cuestión de tiempo.
Esos extremos delirantes que en nombre ¿de la libertad? usurpan la nuestra y que bajo una hipocresía obscena se erigen en barrenderos de la suciedad que generan sus propias mentes, quieren ser los custodios de nuestra moral, y como esa policía del pensamiento dispuesta por el Gran Hermano de Orwell, anhelan asomarse a nuestras cabezas para ver si la tenemos amueblada “solo” con lo que ellos dictan oportuno. El resto a la hoguera (en EEUU ya las hay). Fahrenheit 451 es un sueño húmedo para ellos.
Resistencia
Pero hay espacio para la resistencia y no todas las bibliotecarias (no enjuiciamos a ninguna, faltaría más) claudican al chantaje. Martha Hickson (Nueva Jersey), perseguida y amenazada de muerte, deja la frase: «cuando alguien hace una lista de libros impuros y los censura, va en contra de todos esos niños que entran en la biblioteca buscando un espacio seguro. Eso es lo intolerable». Ella, junto con muchas otras del colectivo, han empezado a organizarse para no sentirse solas, para alejarse de la desprotección y el abandono administrativo. Han iniciado una lucha en defensa de todos esos autores que un día se vaciaron para el mundo y escribieron obras que nos marcaron, nos ayudaron, nos transformaron, nos conmovieron, nos iluminaron, nos…
Y juntas, las bibliotecarias están contagiando su fortaleza y su energía a otras personas que, como ellas, no tienen miedo de leer, que se sienten poderosas al leer, y que quieren defender la libertad intelectual como un valor irrenunciable e innegociable porque, en definitiva, los libros solo reflejan lo que está dentro de nosotros mismos.

Amanda M. Jones en su libro That Librarian: The Fight Against Book Banning in America una de las bibliotecarias del documental señaladas y perseguidas. La autora defiende el valor de los libros para afirmar la identidad de los jóvenes. That Librarian mapea la crisis de prohibición de libros que afecta a los EEUU, delineando las líneas de batalla en la lucha por la equidad y la inclusión y haciendo un llamamiento a todos los amantes de los libros a defender la libertad de lectura.


Tremendo panorama, Matilde.
Estamos llegando a límites que no pensábamos que se fueran a pasar hace unos años. No es sólo el hecho de denunciar tan delirantes sucesos, sino el hecho de citar y acusar directamente a algunas personas por ejercer su trabajo.
Un fuerte abrazo 🙂