El libro del desasosiego

por | Oct 14, 2025 | Blog | 2 Comentarios

El libro del desasosiego

Este libro es una encrucijada de emociones tan laberíntica que pretender alcanzar todos y cada uno de sus inquietantes recovecos es una quimera. Me he perdido muchas veces, sí; otras he pasado de largo por las abismales sensaciones que produce y en algunos momentos me he visto atrapada en emboscadas de interpretación. Con todo, es de lo mejor que he leído en mi vida. Una experiencia profundamente enriquecedora que resuena en mi interior como un tsunami que, tras el baño colosal, te regala una nueva perspectiva del horizonte.

Carezco de las herramientas para aproximarme siquiera a transmitir el mérito transformador que tiene El libro del desasosiego; la inabarcable vocación rompedora de la literatura que mana de él. Fernando Pessoa trabajó toda su vida en esta obra que podría no tener fin y que golpea intensamente por la inaudita belleza de su desolación.

Tres meses he invertido en su lectura, hecha a pequeños sorbos y con obligadas paradas de avituallamiento, pues la catarsis continua es extenuante. Aun así, te empuja siempre a volver a él. A su abrazo y su ahogo. A desintegrarte y reconstruirte en la fantasía de sus disertaciones. ¡Estoy en shock!

 

Voy a empezar por lo más fácil: no es una novela. Bernardo Soares, tenedor de libros con domicilio en Lisboa es su protagonista, sí, heterónimo del propio Pessoa, pero ya está. No hay trama, ni conflicto, ni desenlace. Solo un señor que transcribe sus interrogantes existenciales y que se derrama en una sucesión de prodigiosos fragmentos tocados por la magia del genio y el arte de la inspiración. ¡Solo!

Y esta es una de sus maravillas, que puedes bucear por sus páginas al azar con la garantía de que el impacto será brutal abras el libro por donde lo abras, da igual dónde te quedaste o si has olvidado el principio.

Seguir con lo que late en sus vísceras es ya harina de otro costal.

Pessoa imagina un rompecabezas en el alma de Soares con el fin de inventarse de nuevo a través de la escritura. Se distrae de la vida soñándose pues, como en el mito de la caverna de Platón, percibe la realidad exterior como un conjunto de sombras de las que necesita escapar. Se redescubre para perderse de nuevo en sus conjeturas y, en su nueva dimensión, desde ese aislamiento solitario y tedioso, nos brinda una explosión de reflexiones con tal despilfarro de talento que el resultado es extraordinariamente abrumador. Hay fragmentos realmente disruptivos, que te noquean por la contundencia de sus aseveraciones a la contra, como la defensión de la inutilidad (la falta de acción) o criticar la verdad como otro rasgo de vanidad del ser humano cuando, probablemente, la verdad sólo sea un catalizador del desasosiego.

Pessoa nos habla desde el crepúsculo de una conciencia extraña de sí misma cuya posición contemplativa resulta insuficiente para la comprensión. Quiere desencriptar los secretos del alma humana y se explaya en la estética de lo lúgubre, en la belleza de un vivir no existiendo, en la curiosidad de un corazón a la fuga que “si pudiera pensar, se pararía”. Son tantas las ideas transgresoras, tantos los pensamientos dimitidos, tantos los trabalenguas vertiginosos en un péndulo infinito de tesis que se dicen y desdicen al mismo tiempo que la mente a veces explota, y a veces se rinde por ofuscación.

La paradoja de esta magistral obra, incólume e inclasificable, estriba en cómo Pessoa llena de luz un texto penumbroso habitado por una voz inmisericorde demudada por sus incertezas. El autor portugués es un mago en este aspecto y su prosa, que no consiente una sola frase gratis, te embelsa con su poesía deslumbrante disfrazada de tiempos muertos para el escrutinio de esto que llamamos vivir.

Y así se experimenta El libro del desasosiego, con la sensación de ascender una montaña de la que nunca se vislumbra la cima, pero en cuya nieve retozamos como niños por el alivio de su honda frescura.

 

El libro del desasosiego

Este libro es una encrucijada de emociones tan laberíntica que pretender alcanzar todos y cada uno de sus inquietantes recovecos es una quimera. Me he perdido muchas veces, sí; otras he pasado de largo por las abismales sensaciones que produce y en algunos momentos me he visto atrapada en emboscadas de interpretación. Con todo, es de lo mejor que he leído en mi vida. Una experiencia profundamente enriquecedora que resuena en mi interior como un tsunami que, tras el baño colosal, te regala una nueva perspectiva del horizonte.

Carezco de las herramientas para aproximarme siquiera a transmitir el mérito transformador que tiene El libro del desasosiego; la inabarcable vocación rompedora de la literatura que mana de él. Fernando Pessoa trabajó toda su vida en esta obra que podría no tener fin y que golpea intensamente por la inaudita belleza de su desolación.

Tres meses he invertido en su lectura, hecha a pequeños sorbos y con obligadas paradas de avituallamiento, pues la catarsis continua es extenuante. Aun así, te empuja siempre a volver a él. A su abrazo y su ahogo. A desintegrarte y reconstruirte en la fantasía de sus disertaciones. ¡Estoy en shock!

 

Voy a empezar por lo más fácil: no es una novela. Bernardo Soares, tenedor de libros con domicilio en Lisboa es su protagonista, sí, heterónimo del propio Pessoa, pero ya está. No hay trama, ni conflicto, ni desenlace. Solo un señor que transcribe sus interrogantes existenciales y que se derrama en una sucesión de prodigiosos fragmentos tocados por la magia del genio y el arte de la inspiración. ¡Solo!

Y esta es una de sus maravillas, que puedes bucear por sus páginas al azar con la garantía de que el impacto será brutal abras el libro por donde lo abras, da igual dónde te quedaste o si has olvidado el principio.

Seguir con lo que late en sus vísceras es ya harina de otro costal.

Pessoa imagina un rompecabezas en el alma de Soares con el fin de inventarse de nuevo a través de la escritura. Se distrae de la vida soñándose pues, como en el mito de la caverna de Platón, percibe la realidad exterior como un conjunto de sombras de las que necesita escapar. Se redescubre para perderse de nuevo en sus conjeturas y, en su nueva dimensión, desde ese aislamiento solitario y tedioso, nos brinda una explosión de reflexiones con tal despilfarro de talento que el resultado es extraordinariamente abrumador. Hay fragmentos realmente disruptivos, que te noquean por la contundencia de sus aseveraciones a la contra, como la defensión de la inutilidad (la falta de acción) o criticar la verdad como otro rasgo de vanidad del ser humano cuando, probablemente, la verdad sólo sea un catalizador del desasosiego.

Pessoa nos habla desde el crepúsculo de una conciencia extraña de sí misma cuya posición contemplativa resulta insuficiente para la comprensión. Quiere desencriptar los secretos del alma humana y se explaya en la estética de lo lúgubre, en la belleza de un vivir no existiendo, en la curiosidad de un corazón a la fuga que “si pudiera pensar, se pararía”. Son tantas las ideas transgresoras, tantos los pensamientos dimitidos, tantos los trabalenguas vertiginosos en un péndulo infinito de tesis que se dicen y desdicen al mismo tiempo que la mente a veces explota, y a veces se rinde por ofuscación.

La paradoja de esta magistral obra, incólume e inclasificable, estriba en cómo Pessoa llena de luz un texto penumbroso habitado por una voz inmisericorde demudada por sus incertezas. El autor portugués es un mago en este aspecto y su prosa, que no consiente una sola frase gratis, te embelsa con su poesía deslumbrante disfrazada de tiempos muertos para el escrutinio de esto que llamamos vivir.

Y así se experimenta El libro del desasosiego, con la sensación de ascender una montaña de la que nunca se vislumbra la cima, pero en cuya nieve retozamos como niños por el alivio de su honda frescura.

 

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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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