Estado del malestar

por | Sep 3, 2025 | Blog | 0 Comentarios

Estado del malestar

Creo que me pega más Estado de insatisfacción como título para esta novela, que el malestar propugnado por la autora noruega en contraposición al Estado del bienestar. Que sí, también hay una crítica abierta y sin tapujos a los desequilibrios absurdos, a veces infantiles y casi siempre incomprensibles a los que nos somete papá Estado, pero en la obra, a mi juicio, pesa más la insatisfacción personal de la protagonista, eso sí, parapetada bajo esas presiones externas que no le permiten ser quien quiere ser. El problema es que no sabe qué quiere ser. De hecho, ni siquiera es consciente de la complacencia con la que acepta todo aquello que le disgusta.

Elin es una doctora de familia aburrida de sí misma, del indiferente marido cuya única pasión es el esquí, de los hijos ya emancipados que no la necesitan, de los pacientes que no quieren un diagnóstico sino la validación a sus pretensiones (una baja, un medicamento, una derivación…) y de la aburrida vida de señora de mediana edad de clase media que le asquea. Y como todo le asquea un día decide retomar el contacto con un viejo amor. A ver qué pasa.

El único contrapunto a esta introducción que a simple vista espanta es Tore, un esqueleto de plástico con el que charla habitualmente para evadirse del tedio y al que la sinopsis presenta como alguien socarrón, adjetivo excesivamente generoso en mi opinión.

En términos narrativos me ha gustado mucho la habilidad de la autora con las transiciones, del presente al pasado y del tono puramente narrativo al reflexivo, crítico o divagatorio. Lo hace de una forma tan bien empastada que el hilo fluye bien independientemente del argumento. De este modo conocemos mejor a Elin, desde la niña de importantes carencias afectivas a la mujer cansada de todo que es hoy.

Su censura al Estado también está bien logrado a través de los diferentes perfiles de sus pacientes y sus, a veces, desnortadas peticiones amparadas en los derechos adquiridos por la sociedad del bienestar que Ellin cuestiona tanto.

Sin embargo, al margen de estos aspectos en los que reconozco un notable talento para la escritura, la historia me ha dejado bastante indiferente. El final ha sido un completo bluf, como si a la autora se le hubiera olvidado terminarla y quisiera tener a su protagonista ahí, por idiota, en un bucle en el tiempo. Quizás no lo he entendido.

Nina Lykke ha sido reconocida con el Premio Brage, el más importante galardón literario de Noruega, como una de las grandes escritoras de su país. Debo decir que me acerqué a ella con grandes expectativas, pero, qué quieres que te diga, no tengo suerte con los autores nórdicos. No acaban de convencerme.

 

 

Estado del malestar

Creo que me pega más Estado de insatisfacción como título para esta novela, que el malestar propugnado por la autora noruega en contraposición al Estado del bienestar. Que sí, también hay una crítica abierta y sin tapujos a los desequilibrios absurdos, a veces infantiles y casi siempre incomprensibles a los que nos somete papá Estado, pero en la obra, a mi juicio, pesa más la insatisfacción personal de la protagonista, eso sí, parapetada bajo esas presiones externas que no le permiten ser quien quiere ser. El problema es que no sabe qué quiere ser. De hecho, ni siquiera es consciente de la complacencia con la que acepta todo aquello que le disgusta.

Elin es una doctora de familia aburrida de sí misma, del indiferente marido cuya única pasión es el esquí, de los hijos ya emancipados que no la necesitan, de los pacientes que no quieren un diagnóstico sino la validación a sus pretensiones (una baja, un medicamento, una derivación…) y de la aburrida vida de señora de mediana edad de clase media que le asquea. Y como todo le asquea un día decide retomar el contacto con un viejo amor. A ver qué pasa.

El único contrapunto a esta introducción que a simple vista espanta es Tore, un esqueleto de plástico con el que charla habitualmente para evadirse del tedio y al que la sinopsis presenta como alguien socarrón, adjetivo excesivamente generoso en mi opinión.

En términos narrativos me ha gustado mucho la habilidad de la autora con las transiciones, del presente al pasado y del tono puramente narrativo al reflexivo, crítico o divagatorio. Lo hace de una forma tan bien empastada que el hilo fluye bien independientemente del argumento. De este modo conocemos mejor a Elin, desde la niña de importantes carencias afectivas a la mujer cansada de todo que es hoy.

Su censura al Estado también está bien logrado a través de los diferentes perfiles de sus pacientes y sus, a veces, desnortadas peticiones amparadas en los derechos adquiridos por la sociedad del bienestar que Ellin cuestiona tanto.

Sin embargo, al margen de estos aspectos en los que reconozco un notable talento para la escritura, la historia me ha dejado bastante indiferente. El final ha sido un completo bluf, como si a la autora se le hubiera olvidado terminarla y quisiera tener a su protagonista ahí, por idiota, en un bucle en el tiempo. Quizás no lo he entendido.

Nina Lykke ha sido reconocida con el Premio Brage, el más importante galardón literario de Noruega, como una de las grandes escritoras de su país. Debo decir que me acerqué a ella con grandes expectativas, pero, qué quieres que te diga, no tengo suerte con los autores nórdicos. No acaban de convencerme.

 

 

Puedes hacer una consulta por Whatsapp

¡Hola! Haga clic en mi foto para iniciar un chat por Whatsapp

Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

online

Pin It on Pinterest

Share This