Estoy mucho mejor
¿Eres de los que somatiza sus emociones?
Bajo esta, diría que universal premisa, Foenkinos crea una novela facilona y algo predecible, sí, pero bastante amena y creativamente bien resuelta en términos de composición lo que al final me ha llevado a una satisfactoria experiencia lectora.
No te voy a negar que al principio tuve mis dudas. Pensé que asistía al despertar de la hipocondría de su protagonista, lo cual me puso en guardia pues (mis disculpas si alguien se siente aludido) los hipocondríacos me dan un poco de repelús.
Pero no. Nuestro protagonista, un cuarentón arquitecto de matrimonio longevo y con dos hijos, cuya personalidad oscila entre la resignación y la lasitud, a veces irritantemente flemático, y a veces encantadoramente sarcástico, inicia su vía crucis particular con un dolor de espalda inexplicable, feroz e insidioso que, lo que son las cosas, le cambiará la acomodada vida a la que estaba anclado por inercia.
Foenkinos equilibra muy bien la parte prosaica de la historia con un tono narrativo ingenioso, evocador y con un humor ácido que me ha encantado. Cada capítulo está precedido, invariablemente, por dos enunciados: Intensidad del dolor: (…) y Estado de ánimo: (…) cómplices sentencias de la realidad que va experimentando el personaje a medida que avanza la trama, esto es, el tránsito de la no consciencia (premeditada) a la consciencia de su vida redunda recíprocamente en su sensibilidad física.
Cuanto más sufre más se descubre interpretando distintos papeles (laboral, parental, marital…), hasta que el dolor hace Strike con él y es cuando se da permiso para recomenzar. A esa segunda oportunidad que le salve de sí mismo. “Para encontrarme mejor debía desplazar mi vida y llevarla allí donde debía estar. Mi verdadera vida llevaba 10 años esperándome». ¡Qué bien nos haría un “dolor” pandémico de esta naturaleza!
Con La Delicadeza ya descubrí al Foenkinos que se reafirma en Estoy mucho mejor, esto es, a un narrador de pluma hábil para la novela ligera. Se siente cómodo alejando sombras de sus finales, creando perfiles cotidianos, sin grandes excesos, pero no por ello aburridos ni desdibujados. Al contrario, sus personajes principales se asoman al mundo con carismática personalidad allí donde sería fácil caer en el vulgar estereotipo, y que evolucionan con margen para la sorpresa lectora en medio de sus terrenales argumentos.
Foenkinos prefiere la música de lo positivo, las historias poco angulosas, pero bien sazonadas con inteligente mano izquierda, y la verdad es que es muy agradecida esta escritura sin artificios y tan deliciosamente natural.
¿Eres de los que somatiza sus emociones?
Bajo esta, diría que universal premisa, Foenkinos crea una novela facilona y algo predecible, sí, pero bastante amena y creativamente bien resuelta en términos de composición lo que al final me ha llevado a una satisfactoria experiencia lectora.
No te voy a negar que al principio tuve mis dudas. Pensé que asistía al despertar de la hipocondría de su protagonista, lo cual me puso en guardia pues (mis disculpas si alguien se siente aludido) los hipocondríacos me dan un poco de repelús.
Pero no. Nuestro protagonista, un cuarentón arquitecto de matrimonio longevo y con dos hijos, cuya personalidad oscila entre la resignación y la lasitud, a veces irritantemente flemático, y a veces encantadoramente sarcástico, inicia su vía crucis particular con un dolor de espalda inexplicable, feroz e insidioso que, lo que son las cosas, le cambiará la acomodada vida a la que estaba anclado por inercia.
Foenkinos equilibra muy bien la parte prosaica de la historia con un tono narrativo ingenioso, evocador y con un humor ácido que me ha encantado. Cada capítulo está precedido, invariablemente, por dos enunciados: Intensidad del dolor: (…) y Estado de ánimo: (…) cómplices sentencias de la realidad que va experimentando el personaje a medida que avanza la trama, esto es, el tránsito de la no consciencia (premeditada) a la consciencia de su vida redunda recíprocamente en su sensibilidad física.
Cuanto más sufre más se descubre interpretando distintos papeles (laboral, parental, marital…), hasta que el dolor hace Strike con él y es cuando se da permiso para recomenzar. A esa segunda oportunidad que le salve de sí mismo. “Para encontrarme mejor debía desplazar mi vida y llevarla allí donde debía estar. Mi verdadera vida llevaba 10 años esperándome». ¡Qué bien nos haría un “dolor” pandémico de esta naturaleza!
Con La Delicadeza ya descubrí al Foenkinos que se reafirma en Estoy mucho mejor, esto es, a un narrador de pluma hábil para la novela ligera. Se siente cómodo alejando sombras de sus finales, creando perfiles cotidianos, sin grandes excesos, pero no por ello aburridos ni desdibujados. Al contrario, sus personajes principales se asoman al mundo con carismática personalidad allí donde sería fácil caer en el vulgar estereotipo, y que evolucionan con margen para la sorpresa lectora en medio de sus terrenales argumentos.
Foenkinos prefiere la música de lo positivo, las historias poco angulosas, pero bien sazonadas con inteligente mano izquierda, y la verdad es que es muy agradecida esta escritura sin artificios y tan deliciosamente natural.

