La pitera
Tendría que haber publicado esta reseña cuando tú aún podías leerla. La vida a veces es una putada…
Decías sobre esta obra tuya que “está lejos de la realidad, pero muy cerca de lo que somos”. Y así es. Ahí estás. Inequívoco en cada página, tan reconocible que resulta entrañable y tan universal lo que cuentas que nos retratas a todos.
En La Pitera creas una ficción en torno a un artista de éxito, acaudalado y acomodado a las ventajas asociadas a la despreocupación por el dinero, que tras haber enterrado a su mujer y a su madre un día, de pronto, se pregunta por su padre, desaparecido antes de nacer él. La trama discurre entre el anárquico presente del protagonista, Julián, harto de las órdenes de su marchante de arte y del secretario que organiza su vida; un pasado situado en el pueblo extremeño en el que creció en los años sesenta hasta emigrar a Barcelona; y el regreso del artista actual a sus orígenes donde descubrirá el enmarañado secreto de su linaje. Es una especie de aubiografía de ficción con ciertos tintes macabros.
Escrita con una sutil ironía y con ese sentido del humor tan reconocible en ti, mi querido Guille, la historia sobrevuela esa España caciquil y cainita que constreñía la familia a modelos de tan intachable envoltura moral que se comía todos los afectos. La intolerancia, los prejuicios, el miedo, o la ley del silencio imperantes en el mundo rural de aquella época están magníficamente escenificados, sin embargo, yo me quedo en cómo pones la amistad en el centro para llenar esa podredumbre de olores, de amaneceres, de camaradería, de intimidad, de ternura y de juego.

Una novela que, efectivamente, habla de quién eras tú, «desde chico quise ser biólogo, pintor y escritor y no he conseguido ser nada de eso, pero es a lo que más tiempo dedico…».
No necesitabas ningún carnet, amigo mío, para ser quién eras. Te atreviste a dar alas a tu vocación y eso exige un riesgo y una exposición que solo los que compartimos locura entendemos. Hacía mucho que tú ya estabas consagrado como artista.
Tengo cuadros tuyos en las paredes de casa; tus novelas en mis estanterías, ibas a hacer una exposición, me enviaste un manuscrito inacabado no hace nada, y tu firma rubrica todas las ilustraciones interiores de mi libro de prosa poética “Desde el salón de mi alma” en el que pusiste un contrapunto visual a mis emociones de extraordinario valor para mí. En este asunto confieso que me sonroja mi negligencia. Te hablé de reeditar este libro de relatos con una cubierta nueva y en pocas semanas me diseñaste la ilustración para la nueva portada. Porque tú eras así, en cuanto podías sacabas punta a tus lápices para dar alas a ilusiones propias y ajenas. De este modo el material gráfico de la obra pasaría a ser íntegramente tuyo.
No he llegado a tiempo, Guille. Tus ganas de compartir, tu querer estar, tus proyectos… No quería creer que te ibas.
Espero que sonrías cuando el libro salga por fin a la luz y tú lo veas desde ese lugar anárquico donde derrochan magia los incrédulos…
Gracias eternas por tu amistad, Guille, como bien decías, éramos familia.
Llena de pájaros tu cielo, amigo.

Guillermo Martín Urquizu (1958-2026)
Creador impenitente, artista vocacional, deformador de la realidad, meticuloso, ordenado, disciplinado, científico, republicano, surrealista, barroco, cubista, revolucionario,
culto, puntilloso y de pueblo.Vuela alto amigo.
Tendría que haber publicado esta reseña cuando tú aún podías leerla. La vida a veces es una putada…
Decías sobre esta obra tuya que “está lejos de la realidad, pero muy cerca de lo que somos”. Y así es. Ahí estás. Inequívoco en cada página, tan reconocible que resulta entrañable y tan universal lo que cuentas que nos retratas a todos.
En La Pitera creas una ficción en torno a un artista de éxito, acaudalado y acomodado a las ventajas asociadas a la despreocupación por el dinero, que tras haber enterrado a su mujer y a su madre un día, de pronto, se pregunta por su padre, desaparecido antes de nacer él. La trama discurre entre el anárquico presente del protagonista, Julián, harto de las órdenes de su marchante de arte y del secretario que organiza su vida; un pasado situado en el pueblo extremeño en el que creció en los años sesenta hasta emigrar a Barcelona; y el regreso del artista actual a sus orígenes donde descubrirá el enmarañado secreto de su linaje. Es una especie de aubiografía de ficción con ciertos tintes macabros.
Escrita con una sutil ironía y con ese sentido del humor tan reconocible en ti, mi querido Guille, la historia sobrevuela esa España caciquil y cainita que constreñía la familia a modelos de tan intachable envoltura moral que se comía todos los afectos. La intolerancia, los prejuicios, el miedo, o la ley del silencio imperantes en el mundo rural de aquella época están magníficamente escenificados, sin embargo, yo me quedo en cómo pones la amistad en el centro para llenar esa podredumbre de olores, de amaneceres, de camaradería, de intimidad, de ternura y de juego.

Una novela que, efectivamente, habla de quién eras tú, «desde chico quise ser biólogo, pintor y escritor y no he conseguido ser nada de eso, pero es a lo que más tiempo dedico…».
No necesitabas ningún carnet, amigo mío, para ser quién eras. Te atreviste a dar alas a tu vocación y eso exige un riesgo y una exposición que solo los que compartimos locura entendemos. Hacía mucho que tú ya estabas consagrado como artista.
Tengo cuadros tuyos en las paredes de casa; tus novelas en mis estanterías, ibas a hacer una exposición, me enviaste un manuscrito inacabado no hace nada, y tu firma rubrica todas las ilustraciones interiores de mi libro de prosa poética “Desde el salón de mi alma” en el que pusiste un contrapunto visual a mis emociones de extraordinario valor para mí. En este asunto confieso que me sonroja mi negligencia. Te hablé de reeditar este libro de relatos con una cubierta nueva y en pocas semanas me diseñaste la ilustración para la nueva portada. Porque tú eras así, en cuanto podías sacabas punta a tus lápices para dar alas a ilusiones propias y ajenas. De este modo el material gráfico de la obra pasaría a ser íntegramente tuyo.
No he llegado a tiempo, Guille. Tus ganas de compartir, tu querer estar, tus proyectos… No quería creer que te ibas.
Espero que sonrías cuando el libro salga por fin a la luz y tú lo veas desde ese lugar anárquico donde derrochan magia los incrédulos…
Gracias eternas por tu amistad, Guille, como bien decías, éramos familia.
Llena de pájaros tu cielo, amigo.

Guillermo Martín Urquizu (1958-2026)
Creador impenitente, artista vocacional, deformador de la realidad, meticuloso, ordenado, disciplinado, científico, republicano, surrealista, barroco, cubista, revolucionario,
culto, puntilloso y de pueblo.Vuela alto amigo.


Me dejas sin palabras, Matilde.
Qué amistad tan bonita te unió y te sigue uniendo a Guillermo.
Es para mí un lujo haberte encontrado y conocer a Guillermo a través de ti.
Un abrazo enorme.
Guille era de esas personas que dejan huella por su autenticidad. Enorme como persona y excepcional amigo.
Muchas gracias, Estrella.
Un abrazo