Niebla

por | Dic 4, 2025 | Blog | 2 Comentarios

Niebla

Me pregunto por qué se me habrá resistido tanto el señor Unamuno si sabía de un modo convincentemente intuitivo, no que me iba a gustar, no, sino que iba a ser todo un gustazo.

Niebla es una deliciosa “nivola” tragicómica que sorprende desde el mismo prólogo (si lees hasta el final entenderás por qué) hasta el inesperado y deslumbrante final.

En términos argumentales es fácil seguir los pasos del señorito Augusto, huérfano de madre, tras los ojos de la garrida moza de la que se enamora, Eugenia Domingo del Arco, otra huérfana tutelada por unos tíos anarquistas místicos, pianista desencantada de su profesión y novia del haragán Mauricio, para más datos.

Augusto nos muestra un fervor amatorio que oscila entre el acoso, la pasividad y la desesperación, y cuyo contexto de aparente frivolidad crea la armadura perfecta para unos luminosos monólogos interiores y unos diálogos de astuta originalidad con los que el texto adquiere su colosal dimensión filosófica. Desde el mismo concepto de la mujer y el enamoramiento, a la reflexión sobre la incertidumbre de la existencia, la fatiga de la rutina, el aburrimiento, la inmortalidad, la metafísica, el ser y el pensar… todo se aborda con punta fina, con esa maestría capaz de hacer musical el texto más calamitoso, e impregnados de eso llamado típico humor “unamoniano” que esta servidora piensa seguir indagando con la historia de La tía Tula. 

Pero más allá de la penetración que alcanza lo que cuenta, de su adictivo ritmo, de lo bien que se vertebra la trama, la “nivola” se ensancha y crece de forma excepcional por la forma en que se cuenta, por esa bisagra que Unamuno instala entre realidad y ficción para que viajemos por ellas, de uno a otro entorno, con total desparpajo. La figura del prologuista Víctor Goti, por ejemplo, ya es una idea experimental, pues es el escritor ficticio, alter ego de Unamuno, que establece la relación entre «niebla» y «novela» hasta dar con esa “nivola” que adjetivará la narrativa de Unamuno. Goti aparece como un personaje dentro de esta historia, amigo escritor de Augusto que, en última instancia, nos hace creer que está escribiendo la misma novela que tenemos en las manos. ¡Alucinante!

Todos los personajes presentan una identidad activa y sustanciada en su existencia fingida, pero algunos, además, incluso son conscientes de su existir ficticio. El propio Unamuno forma parte de este juego metatextual como ingrediente decisivo del desenlace que, por cierto, te deja en shock.

«¡Déjese de andróminas, señorito!» resume, en mi opinión, el alma de esta “nivola” en la que la línea entre el creador y su obra se pierde en un universo único, totalmente realista y absolutamente mágico.

 

#Niebla #nivola #Unamuno #MigueldeUnamuno

 

Niebla

Me pregunto por qué se me habrá resistido tanto el señor Unamuno si sabía de un modo convincentemente intuitivo, no que me iba a gustar, no, sino que iba a ser todo un gustazo.

Niebla es una deliciosa “nivola” tragicómica que sorprende desde el mismo prólogo (si lees hasta el final entenderás por qué) hasta el inesperado y deslumbrante final.

En términos argumentales es fácil seguir los pasos del señorito Augusto, huérfano de madre, tras los ojos de la garrida moza de la que se enamora, Eugenia Domingo del Arco, otra huérfana tutelada por unos tíos anarquistas místicos, pianista desencantada de su profesión y novia del haragán Mauricio, para más datos.

Augusto nos muestra un fervor amatorio que oscila entre el acoso, la pasividad y la desesperación, y cuyo contexto de aparente frivolidad crea la armadura perfecta para unos luminosos monólogos interiores y unos diálogos de astuta originalidad con los que el texto adquiere su colosal dimensión filosófica. Desde el mismo concepto de la mujer y el enamoramiento, a la reflexión sobre la incertidumbre de la existencia, la fatiga de la rutina, el aburrimiento, la inmortalidad, la metafísica, el ser y el pensar… todo se aborda con punta fina, con esa maestría capaz de hacer musical el texto más calamitoso, e impregnados de eso llamado típico humor “unamoniano” que esta servidora piensa seguir indagando con la historia de La tía Tula. 

Pero más allá de la penetración que alcanza lo que cuenta, de su adictivo ritmo, de lo bien que se vertebra la trama, la “nivola” se ensancha y crece de forma excepcional por la forma en que se cuenta, por esa bisagra que Unamuno instala entre realidad y ficción para que viajemos por ellas, de uno a otro entorno, con total desparpajo. La figura del prologuista Víctor Goti, por ejemplo, ya es una idea experimental, pues es el escritor ficticio, alter ego de Unamuno, que establece la relación entre «niebla» y «novela» hasta dar con esa “nivola” que adjetivará la narrativa de Unamuno. Goti aparece como un personaje dentro de esta historia, amigo escritor de Augusto que, en última instancia, nos hace creer que está escribiendo la misma novela que tenemos en las manos. ¡Alucinante!

Todos los personajes presentan una identidad activa y sustanciada en su existencia fingida, pero algunos, además, incluso son conscientes de su existir ficticio. El propio Unamuno forma parte de este juego metatextual como ingrediente decisivo del desenlace que, por cierto, te deja en shock.

«¡Déjese de andróminas, señorito!» resume, en mi opinión, el alma de esta “nivola” en la que la línea entre el creador y su obra se pierde en un universo único, totalmente realista y absolutamente mágico.

 

#Niebla #nivola #Unamuno #MigueldeUnamuno

 

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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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