El antihéroe Herzog
Antihéroe de esos que engatusan. Idealista, neurótico y sufridor. Con esa ironía que me encanta descubrir en los personajes, a veces con una enternecedora capacidad para reírse de sí mismo, de sus fracasos, de su inconsistente madurez y…, aun así, hasta pasada la página setenta no conecté con él.
Moses Herzog es un cuarentón intelectual e inadaptado cuyo caos mental está retratado con inteligente astucia por parte de Saw Bellow, que teje el enmarañado mundo de su protagonista a través de lo que muchos tildarían hoy como “pajas mentales”. En el caso de Herzog (1964) son cartas mentales nunca enviadas, misivas a amigos y enemigos, a sí mismo, a Dios y a sus muertos, al Times, a Heidegger, Nietzsche o Spinoza…
La narración alcanza cotas de delirio cuando se dirige a su segunda ex esposa, Madeleine, desencadenante de la historia, pues la buena mujer lo ha abandonado por eso tan apetecible desde tiempos del Pleistoceno como es liarse con su mejor amigo, circunstancia que lleva a Herzog al trance entre místico y trastornado, con tintes de melancólica comicidad, que observamos en la novela.
Herzog, trasunto del propio Bellow, cornudo como su protagonista de una de sus cinco mujeres, desnuda su dolor por la traición, se declara en contra de la inercia y la estupidez y, como suele pasar siempre, pues es sabido que el sufrimiento inspira más que el placer, despierta su consciencia con esa voracidad propia de quien siente que no tiene nada que perder. De repente, necesita analizar, desmenuzar y pensarlo absolutamente todo. ¿Para qué? Pues para darse el gustazo de reconocer en voz alta aquello que es un fracasado y no morir en la confesión.
¿Qué si me ha gustado? Tengo cierta debilidad por las novelas que apuntalan sus historias con pespuntes filosóficos en el entramado. Así que en ese sentido he quedado satisfecha, pero no puedo decir que este Nobel haya sido uno de los autores de mi vida. Fíjate que devolví el ejemplar a la biblioteca y me olvidé de hacer la foto para el post.
Antihéroe de esos que engatusan. Idealista, neurótico y sufridor. Con esa ironía que me encanta descubrir en los personajes, a veces con una enternecedora capacidad para reírse de sí mismo, de sus fracasos, de su inconsistente madurez y…, aun así, hasta pasada la página setenta no conecté con él.
Moses Herzog es un cuarentón intelectual e inadaptado cuyo caos mental está retratado con inteligente astucia por parte de Saw Bellow, que teje el enmarañado mundo de su protagonista a través de lo que muchos tildarían hoy como “pajas mentales”. En el caso de Herzog (1964) son cartas mentales nunca enviadas, misivas a amigos y enemigos, a sí mismo, a Dios y a sus muertos, al Times, a Heidegger, Nietzsche o Spinoza…
La narración alcanza cotas de delirio cuando se dirige a su segunda ex esposa, Madeleine, desencadenante de la historia, pues la buena mujer lo ha abandonado por eso tan apetecible desde tiempos del Pleistoceno como es liarse con su mejor amigo, circunstancia que lleva a Herzog al trance entre místico y trastornado, con tintes de melancólica comicidad, que observamos en la novela.
Herzog, trasunto del propio Bellow, cornudo como su protagonista de una de sus cinco mujeres, desnuda su dolor por la traición, se declara en contra de la inercia y la estupidez y, como suele pasar siempre, pues es sabido que el sufrimiento inspira más que el placer, despierta su consciencia con esa voracidad propia de quien siente que no tiene nada que perder. De repente, necesita analizar, desmenuzar y pensarlo absolutamente todo. ¿Para qué? Pues para darse el gustazo de reconocer en voz alta aquello que es un fracasado y no morir en la confesión.
¿Qué si me ha gustado? Tengo cierta debilidad por las novelas que apuntalan sus historias con pespuntes filosóficos en el entramado. Así que en ese sentido he quedado satisfecha, pero no puedo decir que este Nobel haya sido uno de los autores de mi vida. Fíjate que devolví el ejemplar a la biblioteca y me olvidé de hacer la foto para el post.

