El susurro de la cometa

por | Nov 28, 2024 | Ficción | 8 Comentarios

cometa

Estaba en la sala de espera, decorando la inmaculada pared principal.

Aquella mujer de perfil resuelto, pero inmóvil sobre un solitario paisaje, era un espejismo reparador; una fugaz distracción en aquella realidad con olor a éter.

El artista había conseguido un sobrecogedor cielo crepuscular que disparaba destellos luminiscentes sobre la melena de su personaje, de un cobrizo indomable al viento. Absorta, la mujer seguía el vuelo de una cometa escarlata que rasgaba alegremente el horizonte, en un susurro infinito y pacificador. Y ahí estaba la magia, en esos ojos empañados que vigilaban el baile de aquel cuerpo hexagonal con tal emoción, que la ilusión de movimiento llenaba toda la escena.

Bruno lo había pintado en lo que él llamaba treguas creativas, y se lo había regalado a Laura, su oncóloga, en la octava sesión de quimioterapia. Quiero que te veas como yo te veo, le había dicho. Ella sintió el grito esperanzador del lienzo. Por eso lo colgó en aquella sala de esperas inciertas donde Bruno, ya dado de alta, aguardaba a Laura para su primera cita.

No acabo de verme en esa mujer —cuestionó Laura ya a su lado.

—¿Aún no lo has entendido? —observó él—. Tú eres la cometa…

cometa

Estaba en la sala de espera, decorando la inmaculada pared principal.

Aquella mujer de perfil resuelto, pero inmóvil sobre un solitario paisaje, era un espejismo reparador; una fugaz distracción en aquella realidad con olor a éter.

El artista había conseguido un sobrecogedor cielo crepuscular que disparaba destellos luminiscentes sobre la melena de su personaje, de un cobrizo indomable al viento. Absorta, la mujer seguía el vuelo de una cometa escarlata que rasgaba alegremente el horizonte, en un susurro infinito y pacificador. Y ahí estaba la magia, en esos ojos empañados que vigilaban el baile de aquel cuerpo hexagonal con tal emoción, que la ilusión de movimiento llenaba toda la escena.

Bruno lo había pintado en lo que él llamaba treguas creativas, y se lo había regalado a Laura, su oncóloga, en la octava sesión de quimioterapia. Quiero que te veas como yo te veo, le había dicho. Ella sintió el grito esperanzador del lienzo. Por eso lo colgó en aquella sala de esperas inciertas donde Bruno, ya dado de alta, aguardaba a Laura para su primera cita.

No acabo de verme en esa mujer —cuestionó Laura ya a su lado.

—¿Aún no lo has entendido? —observó él—. Tú eres la cometa…

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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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