Encerrados a leer a novelas…

por | Oct 10, 2021 | Blog | 7 Comentarios

encerrados a leer

Imagen de Pixabay

El argentino César Aira (Coronel Pringles, 1949), un escritor con nada menos que 106 libros en el mercado, recibía este nueve de octubre en Sevilla el Premio Formentor, premio literario de carácter internacional (por si alguien anda despistado) y en sus declaraciones a la prensa me ha sorprendido leer: “Es absurdo que el Estado se gaste el dinero diciendo que leamos porque lo que necesitan los países es gente que trabaje, no personas que se encierren en casa a leer novelas”, reproduce La Vanguardia, y justifica lo dicho bajo la excusa de que la literatura siempre fue una actividad minoritaria.

Me he leído toda la entrevista para no caer en la descontextualización así que, con todos mis respetos, Sr. Aira, ¿quiere usted decir que si leemos novelas no seremos capaces de trabajar? Tal vez soy yo, que estoy obtusa y no interpreto bien sus palabras, pero me asombra que alguien que se gana la vida escribiendo pueda considerar la lectura una suerte de vicio tóxico cuyo hábito podría corromper la delicada estructura de equilibrios de los Estados.

Salvo los editores, y pocos socios del gremio, ¿alguien se encierra en su casa a leer novelas y deja de ir a trabajar? Me parece una forma de hacer demagogia un tanto barata para un señor de su nivel y talento. Un argumento casposo, del tipo que soltaban nuestros antepasados cuando defendían la NO educación de la mujer bajo la tesis de que mermaría la calidad de nuestras familias  ya que, históricamente, el lugar de la mujer había sido estar en casa, cuidando de los hijos y haciendo las tareas del hogar.

César Aira César Aira

Sepa usted, señor Aira, que el hombre manifestó hace muchos siglos unas cualidades bárbaras para realizar diferentes tareas sin desintegrarse por ello. Tal vez no podamos hacerlas todas a la vez, este es un ejercicio que requiere de ciertas habilidades, pero sí de forma secuencial, siendo perfectamente solventes en cada una de esas actividades. Para ser meridianamente claros, que uno puede trabajar ocho horas diarias y dedicar un rato a la lectura en el mismo día sin alterar las leyes del universo. Se lo digo en serio. Se puede. Eso de «encerrarnos a leer», o es un exceso verbal expresado sin ningún fundamento o, ¿a qué se refiere, algo parecido a un Gran Hermano Literario? Pues mire, pensándolo bien….

Gente que trabaje…

Me resulta algo sospechoso que diga que los países necesitan gente que trabaje. A ver, eso de trabajar, qué quiere que le diga, no gusta a nadie. No nos vamos a engañar. Especialmente si no llegas a mileurista y encima tienes una faena de esas que queman hasta hervirte la sangre… Pero todos queremos pagar nuestras facturas, y consumir, y disfrutar de la emancipación económica que procura el trabajo. Así que, si me lo permite, y de nuevo presentando mis respetos, lo que necesitan los Estados es crear las condiciones de trabajo idóneas para que sus ciudadanos puedan trabajar, y que sus retribuciones les permitan una digna independencia, incluso del Estado. Y esto, señor Aira, no impide que luego, cada uno, dedique a la lectura, o a lo que sea menester que cada cual haga en su tiempo de ocio, lo que considere oportuno.

Y ya puestos a filosofar y a lanzar eslóganes, los países también necesitan superar su mediocridad, garantizar el bienestar de sus comunidades sin pensar que el impulso a un sector determinado, obligatoriamente, pase por sacrificar o violar otras parcelas del Estado y sus derechos.

En todo caso, no quiero que se lleve una impresión equivocada, hubo una parte de sus declaraciones con las que sí estoy de acuerdo. Esas en las que habla de los criterios bajo los que actualmente la academia sueca concede el Nobel de Literatura: “No me lo darán –dijo– porque para ello necesitan una justificación no literaria, nunca se limitan a decir ‘porque este tipo hace buenos libros’…”.

Estoy de acuerdo, y lo digo sin ironía ninguna, el Nobel de Literatura ahora siempre pone junto al escritor una etiqueta, un aval de justificación. Yo también pienso que los Nobel deberían premiar al escritor, sin más, independentemente de la bandera que enarbole, para que vea que no hay acritud.

 

 

 

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El argentino César Aira (Coronel Pringles, 1949), un escritor con nada menos que 106 libros en el mercado, recibía este nueve de octubre en Sevilla el Premio Formentor, premio literario de carácter internacional (por si alguien anda despistado) y en sus declaraciones a la prensa me ha sorprendido leer: “Es absurdo que el Estado se gaste el dinero diciendo que leamos porque lo que necesitan los países es gente que trabaje, no personas que se encierren en casa a leer novelas”, reproduce La Vanguardia, y justifica lo dicho bajo la excusa de que la literatura siempre fue una actividad minoritaria.

Me he leído toda la entrevista para no caer en la descontextualización así que, con todos mis respetos, Sr. Aira, ¿quiere usted decir que si leemos novelas no seremos capaces de trabajar? Tal vez soy yo, que estoy obtusa y no interpreto bien sus palabras, pero me asombra que alguien que se gana la vida escribiendo pueda considerar la lectura una suerte de vicio tóxico cuyo hábito podría corromper la delicada estructura de equilibrios de los Estados.

Salvo los editores, y pocos socios del gremio, ¿alguien se encierra en su casa a leer novelas y deja de ir a trabajar? Me parece una forma de hacer demagogia un tanto barata para un señor de su nivel y talento. Un argumento casposo, del tipo que soltaban nuestros antepasados cuando defendían la NO educación de la mujer bajo la tesis de que mermaría la calidad de nuestras familias  ya que, históricamente, el lugar de la mujer había sido estar en casa, cuidando de los hijos y haciendo las tareas del hogar.

César Aira César Aira

Sepa usted, señor Aira, que el hombre manifestó hace muchos siglos unas cualidades bárbaras para realizar diferentes tareas sin desintegrarse por ello. Tal vez no podamos hacerlas todas a la vez, este es un ejercicio que requiere de ciertas habilidades, pero sí de forma secuencial, siendo perfectamente solventes en cada una de esas actividades. Para ser meridianamente claros, que uno puede trabajar ocho horas diarias y dedicar un rato a la lectura en el mismo día sin alterar las leyes del universo. Se lo digo en serio. Se puede. Eso de «encerrarnos a leer», o es un exceso verbal expresado sin ningún fundamento o, ¿a qué se refiere, algo parecido a un Gran Hermano Literario? Pues mire, pensándolo bien….

Gente que trabaje…

Me resulta algo sospechoso que diga que los países necesitan gente que trabaje. A ver, eso de trabajar, qué quiere que le diga, no gusta a nadie. No nos vamos a engañar. Especialmente si no llegas a mileurista y encima tienes una faena de esas que queman hasta hervirte la sangre… Pero todos queremos pagar nuestras facturas, y consumir, y disfrutar de la emancipación económica que procura el trabajo. Así que, si me lo permite, y de nuevo presentando mis respetos, lo que necesitan los Estados es crear las condiciones de trabajo idóneas para que sus ciudadanos puedan trabajar, y que sus retribuciones les permitan una digna independencia, incluso del Estado. Y esto, señor Aira, no impide que luego, cada uno, dedique a la lectura, o a lo que sea menester que cada cual haga en su tiempo de ocio, lo que considere oportuno.

Y ya puestos a filosofar y a lanzar eslóganes, los países también necesitan superar su mediocridad, garantizar el bienestar de sus comunidades sin pensar que el impulso a un sector determinado, obligatoriamente, pase por sacrificar o violar otras parcelas del Estado y sus derechos.

En todo caso, no quiero que se lleve una impresión equivocada, hubo una parte de sus declaraciones con las que sí estoy de acuerdo. Esas en las que habla de los criterios bajo los que actualmente la academia sueca concede el Nobel de Literatura: “No me lo darán –dijo– porque para ello necesitan una justificación no literaria, nunca se limitan a decir ‘porque este tipo hace buenos libros’…”.

Estoy de acuerdo, y lo digo sin ironía ninguna, el Nobel de Literatura ahora siempre pone junto al escritor una etiqueta, un aval de justificación. Yo también pienso que los Nobel deberían premiar al escritor, sin más, independentemente de la bandera que enarbole, para que vea que no hay acritud.

 

 

 

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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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