Amélie Nothomb y lo inverosímil de Los Aerostatos
Aviso. SPOILER.
La reseña va en negativo y necesito argumentar mi posición.
Amélie Nothomb es un nombre que suena y resuena con reseñas que denotan, en general, una adoración casi ciega por la autora franco belga. Yo misma, tras leer preciosas críticas de sus libros, pensé: esta escritora es para mí.
La intuición no siempre atina.
Tengo una batería de razones para declarar mi renuncia definitiva, tras dos intentos, a su pluma, pero la mayor y principal es que me resulta absolutamente inverosímil. Y que no se me malinterprete. Soy del todo consciente de la teoría del absurdo que practica en su narrativa, de que juega con tramas poco ortodoxas y con la provocación como premisa. A mí me gusta eso. Me gusta el riesgo de lo transgresor, el impacto de lo surrealista. El descoloque.
El problema, básicamente, es que a Nothomb no me la creo.
Déjame profundizar.
Creo que esta autora, de cuyo talento no dudo, prescinde de eso que llamamos tejido narrativo, es decir, de la urdimbre en la que se sustenta toda trama para que personajes y escenas conecten y la historia desarrolle su propio universo veraz, por muy fantasioso, irracional o extravagante que sea. Lo que en Harry Potter sería todo su mundo de magia, por poner un ejemplo fácil, el pálpito visceral de las historias de Bukowski o, si nos ponemos más profundos, la genial atmósfera creada por Kafka en La Metamorfosis.
Vamos con Los Aerostatos
En esta novela Ange, la protagonista y narradora, es una joven estudiante de filología que imparte clases a un adolescente, Pie (luego voy con él).
Nuestro personaje principal exhibe una disonancia que, premeditada o no, a mí me chirría hasta el infinito. Tan sumisa con su compañera de piso como directa y sin complejos con su jefe (el padre de su alumno), resulta que, como estudiante, a ella (poco sociable pero aparentemente inofensiva) la detesta todo el mundo. Los motivos no he llegado a descubrirlos, pero el odio que inspira en sus compañeros le viene bien a su profesor de Mitología Comparada para empatizar con ella y, de paso, confesarse enamorado hasta las trancas de su aura de Atenea. Contra todo pronóstico, Ange decide iniciar una relación con él.
Lo sé. Sé que todo lo que acabo de describir es perfectamente “novelable” ¿acaso no hablamos de ficción? El problema es que se narra como a impulsos, como si se fuera dando bandazos de un lado para otro sin criterio ninguno, salvo el de buscar a cada paso un contrasentido mayor que el anterior.
Voy con Pie, el alumno de Ange
Aquí tenemos a un jovencito de 16 años que odia a sus padres y que jamás ha leído una novela por un presunto problema de dislexia tratado, por cierto, con frivolidad gratuita. Pues nada, en un día lee La Iliada; la Odisea en cuatro y muchas otras obras maestras en tiempo récord gracias a nuestra heroína. No solo eso. Nos apabulla con unas disertaciones literarias a la altura del más versado de los eruditos.
Y aquí entra en juego otro motivo que te cortocircuita. Las ampulosas diatribas del muchacho le dan a la narración un halo de trascendencia tan pretencioso que, en el rocambolesco contexto de la trama, a mi juicio, desafinan hasta hastiar. Oda a la literatura, he leído frecuentemente al respecto, lo que muestra lo antagónico de mi postura con el sentir general. A mí me ha resultado bastante pedante, la verdad.
En el giro final de la historia, cuando el alumno asesina a sus padres, Ange exhibe la última de sus disonancias, invierte el rol con el adolescente y adopta el papel de alumna, de persona menor de edad, dejando al lector a la deriva de su despropósito. Insisto, no cuestiono lo que se narra, sino cómo se narra. Mi impresión final ha sido, ¿pero qué me quieres contar?
En lo que respecta a los personajes Nothomb lleva la batuta en todo momento, les concede poco albedrío. Quiero decir, da la sensación de que están encerrados en burbujas independientes y estancas, cada uno en su cosmos particular y con poco margen para interactuar. No veo a los personajes. Veo a la autora. ¿Se me entiende?
En definitiva, echo en falta esa corriente eléctrica que emana de la propia novela, el pulso, el imán que te arrastra de cabeza a su universo y que te hace empatizar con él, por muy disparatado que sea. La narrativa de Nothomb es impetuosa y creativa, pero también es brusca e irreflexiva. Y ese caminar como pollo sin cabeza es lo que, a mi juicio, hace que la historia no fluya. Aunque solo es un punto vista más y tú tienes todo el albedrío del mundo para darle la validez que consideres.
Solo puedo decir que tras Sed y Los Aerostatosdesisto. Se me apagó la luz con esta escritora.
Aviso. SPOILER.
La reseña va en negativo y necesito argumentar mi posición.
Amélie Nothomb es un nombre que suena y resuena con reseñas que denotan, en general, una adoración casi ciega por la autora franco belga. Yo misma, tras leer preciosas críticas de sus libros, pensé: esta escritora es para mí.
La intuición no siempre atina.
Tengo una batería de razones para declarar mi renuncia definitiva, tras dos intentos, a su pluma, pero la mayor y principal es que me resulta absolutamente inverosímil. Y que no se me malinterprete. Soy del todo consciente de la teoría del absurdo que practica en su narrativa, de que juega con tramas poco ortodoxas y con la provocación como premisa. A mí me gusta eso. Me gusta el riesgo de lo transgresor, el impacto de lo surrealista. El descoloque.
El problema, básicamente, es que a Nothomb no me la creo.
Déjame profundizar.
Creo que esta autora, de cuyo talento no dudo, prescinde de eso que llamamos tejido narrativo, es decir, de la urdimbre en la que se sustenta toda trama para que personajes y escenas conecten y la historia desarrolle su propio universo veraz, por muy fantasioso, irracional o extravagante que sea. Lo que en Harry Potter sería todo su mundo de magia, por poner un ejemplo fácil, el pálpito visceral de las historias de Bukowski o, si nos ponemos más profundos, la genial atmósfera creada por Kafka en La Metamorfosis.
Vamos con Los Aerostatos
En esta novela Ange, la protagonista y narradora, es una joven estudiante de filología que imparte clases a un adolescente, Pie (luego voy con él).
Nuestro personaje principal exhibe una disonancia que, premeditada o no, a mí me chirría hasta el infinito. Tan sumisa con su compañera de piso como directa y sin complejos con su jefe (el padre de su alumno), resulta que, como estudiante, a ella (poco sociable pero aparentemente inofensiva) la detesta todo el mundo. Los motivos no he llegado a descubrirlos, pero el odio que inspira en sus compañeros le viene bien a su profesor de Mitología Comparada para empatizar con ella y, de paso, confesarse enamorado hasta las trancas de su aura de Atenea. Contra todo pronóstico, Ange decide iniciar una relación con él.
Lo sé. Sé que todo lo que acabo de describir es perfectamente “novelable” ¿acaso no hablamos de ficción? El problema es que se narra como a impulsos, como si se fuera dando bandazos de un lado para otro sin criterio ninguno, salvo el de buscar a cada paso un contrasentido mayor que el anterior.
Voy con Pie, el alumno de Ange
Aquí tenemos a un jovencito de 16 años que odia a sus padres y que jamás ha leído una novela por un presunto problema de dislexia tratado, por cierto, con frivolidad gratuita. Pues nada, en un día lee La Iliada; la Odisea en cuatro y muchas otras obras maestras en tiempo récord gracias a nuestra heroína. No solo eso. Nos apabulla con unas disertaciones literarias a la altura del más versado de los eruditos.
Y aquí entra en juego otro motivo que te cortocircuita. Las ampulosas diatribas del muchacho le dan a la narración un halo de trascendencia tan pretencioso que, en el rocambolesco contexto de la trama, a mi juicio, desafinan hasta hastiar. Oda a la literatura, he leído frecuentemente al respecto, lo que muestra lo antagónico de mi postura con el sentir general. A mí me ha resultado bastante pedante, la verdad.
En el giro final de la historia, cuando el alumno asesina a sus padres, Ange exhibe la última de sus disonancias, invierte el rol con el adolescente y adopta el papel de alumna, de persona menor de edad, dejando al lector a la deriva de su despropósito. Insisto, no cuestiono lo que se narra, sino cómo se narra. Mi impresión final ha sido, ¿pero qué me quieres contar?
En lo que respecta a los personajes Nothomb lleva la batuta en todo momento, les concede poco albedrío. Quiero decir, da la sensación de que están encerrados en burbujas independientes y estancas, cada uno en su cosmos particular y con poco margen para interactuar. No veo a los personajes. Veo a la autora. ¿Se me entiende?
En definitiva, echo en falta esa corriente eléctrica que emana de la propia novela, el pulso, el imán que te arrastra de cabeza a su universo y que te hace empatizar con él, por muy disparatado que sea. La narrativa de Nothomb es impetuosa y creativa, pero también es brusca e irreflexiva. Y ese caminar como pollo sin cabeza es lo que, a mi juicio, hace que la historia no fluya. Aunque solo es un punto vista más y tú tienes todo el albedrío del mundo para darle la validez que consideres.
Solo puedo decir que tras Sed y Los Aerostatosdesisto. Se me apagó la luz con esta escritora.


Hola Matilde:
He leído la reseña a medias por lo del spoiler…, jeje.
Con tu permiso, voy a enlazarla a mi blog para el reto de lectura que tengo este mes: https://literatureandfantasy.blogspot.com/2024/04/reto-de-lectura-abril-mayo.html que va perfecto porque cumple los requisitos del reto.
Muchas gracias.
Un abrazo. 🙂
Hola, Merche
Por supuesto, sin problema.
Estos retos que tu lanzas son muy interesantes para descubrir nuevos autores y explorar otras narrativas. Estaré pendiente a ver qué opiniones tiene la gente.
Un abrazo
Hola, Matilde. Pues sí, coincido totalmente en lo que dices sobre esta autora. Yo también lo intenté durante un tiempo pero al final desistí. No logro meterme en sus historias ni me engancha su tono narrativo. Y es buena escritora, como dices, y tiene una legión de seguidores, pero, no sé, a mí tampoco acaba de convencerme.
Hola, Marta
Pues me reconforta mucho que estés en mi onda, Marta, porque viendo la pasión que despierta esta autora una se siente un poco «a contracorriente». Y resulta cuando menos sorprendente verse tan alejada del sentir general. Había leído reseñas exquisitas sobre su prosa, y a mí me deja completamente fría, especialmente por eso, porque no logro adentrarme en los universos que crea. Muchas gracias por tu aportación, Marta.
Un abrazo
Hola Matilde, algo parecido me pasó hace poco con otro autor cuya novela estaba ambientada en época de dragones y su diálogos y frases de los personajes eran del siglo veintiuno, de pronto salía un guerrero rojo de no se dónde como te salía un demonio del infierno. En fin para mí también fue un caos. Te entiendo perfectamente. Un abrazo y gracias por compartirlo.
Hola, Nuria
Es eso. No importa la ficción que quieras construir si al final tu novela resulta lo suficientemente verosímil para enganchar al lector. Al final funcionamos por empatía, y si la historia no te transmite credibilidad, irremediablemente te quedas fuera.
Gracias a ti por pasarte.
Un abrazo
Hola, Matilde!
Bueno, lo primero agradecer tu valentía en mostrar lo poco que te ha gustado esta novela. En estos tiempos donde el bienquedismo parece la norma, se agradece la honestidad. No he leído esta novela, ni a la autora, así que no puedo añadir mucho más. Por curiosidad he echado un vistazo a la muestra gratuita de Amazon. Veo que el estilo es bastante directo, con mucho diálogo, frases cortas y que enseguida pasa de una cosa a la otra. También mucha referencia, en solo unas cuatro páginas, a literatura y filosofía. Sí he detectado cierta frialdad al mostrar los personajes. La compañera de piso de 22 años es una Sheldon Cooper de tomo y lomo, aunque si su gracia, claro. La prota parece como un barco a la deriva. El padre del chico un tipo de pocas palabras. El adolescente, es verdad, me resulta inverosímil en lo poco que he leído y viendo lo que luego avanzas que ocurre.
Cuando una novela no gusta puede deberse al gusto personal. En mi caso, jamás he podido con La sombra del viento. Le he dado tres oportunidades y mi récord es llegar a la página 50. Me aburre muchísimo. También puede deberse a la calidad de la novela. Sobre todo a la disonancia entre la historia, su enfoque y tono, personajes y manera de contarla. Recientemente leí una novela negra española actual, muy vendida, y que me ha parecido lo peor que he leído en mi vida. Diálogos planos, sin gracia, trama sin fuerza, personajes que rayan en la adolescencia más tonta cuando se suponen que son policías maduros. Un desastre absoluto.
Un abrazo!
Hola, David
Dices bien, pasa de una cosa a la otra como si de pronto le cansara seguir desarrollando la escena que había propuesto anteriormente. Construye sus historias de una forma bastante anárquica, por no decir que el trabajo de estructuración, de arquitectura de la historia, en mi opinión, brilla por su ausencia. Al final no sé si ella misma sabe hacia dónde se dirige cuando narra o ha hecho de su escritura descabezada un estilo que ha generado una legión de admiradores. Lo cual, por cierto, tiene su mérito.
En alguna entrevista suya he leído que escribe cuatro o cinco libros al año. Breves. Y que solo publica uno. Tras leer dos de sus novelas puedo entender que así sea.
Gracias por pasarte, David
Me identifico mucho con tu opinión y con los varios intentos que yo también he hecho por seguirla , pero yo también desisto. No me llegan sus textos, hay siempre un muro de frialdad que hace que no conecte. Para gustos los colores.
Afortunadamente la literatura tiene un amplio abanico de registros y autores para satisfacer a los lectores. En este caso, esta autora no es para mí, aunque por supuesto, solo planteo una posición personal. Gracias por pasarte
Hola. Me ha encantado tu reseña y coincidido en todo. ¿No acabaste por sentir que estabas a mitad de un chiste (sin gracias) sobre el idealismo alrededor de la lectura? A mí la novela me perdió desde la errata (no sé, es lo peor, si fue una errata) sobre Ulises y la alusión al Caballo… Que es de sobra conocido que del relato del Caballo acaba uno enterándose en otros textos (_La Eneída_, por ejemplo). Creí que ahí revelarían al chico como un charlatán que repetía reseñas (como tantos supuestos lectores). Pero nada. Ange se queda impresionada… Luego la interpretación que hace de _La metamorfosis_, pretendiendo convencer de que SU lectura es más compleja y válida que la de su profesora filóloga… Y la metáfora de los aerostatos, por un par de letras y es la archidesgastada del albatros de Baudelaire. Bueno, saludos.
Jo, Miguel Ángel
Desmenuzas mucho mas concienzudamente la novela y lo haces con detalles en los que yo no me había fijado, así que gracias por dar más argumentos a mi posición.
La verdad es que has reforzado mi idea de lo impostado de esta autora que, sin embargo, despierta tantas loas.
Con respecto a tu pregunta, efectivamente. Con este libro pensé que la autora quiso transmitir algo así como la labor paliativa y pedagógica de la lectura pero desde un pedestal tan lleno de grietas que al final se desploma por sí mismo. En fin, yo ya he desistido de leer nada más de ella, está claro que no es para mí.
Gracias por pasarte y por dejar un comentario tan interesante.