Las horas subterráneas

por | Ene 16, 2025 | Blog | 0 Comentarios

Las olas subterráneas

Fue la historia, sin duda, pero también el ritmo de su prosa, absolutamente magnético, lo que me enamoró de Delphine de Vigan en Las Gratitudes. Me dejó ese sabor pletórico con el que a veces nos premia la literatura y cuya estela perseguimos como un nirvana reparador.
En Las horas subterráneas cambia de registro para seguir indagando sobre cuestiones universales. Esas que nos atañen a todos. Así, bajo el traje de un thriller psicológico nos cuenta, con la misma soberbia autoridad, una historia de soledades y desgarros en la que aplaudo, por encima de todo, la atmósfera oprimente y oscura que ha logrado.

Mathilde y Thibault son dos almas en crisis y en peregrinación por una sórdida ciudad, París, que los engulle y los invisibiliza. Ella trata de reaccionar a un jefe déspota que, de respetarla, ha pasado a humillarla, degradarla y desestabilizarla emocionalmente. Él es un médico a domicilio que acaba de dejar a la mujer que ama porque no se siente correspondido. Dos personajes desolados, destinados a converger en algún punto del relato, con los que De Vigan construye una inquietante novela a golpe de lacónicos pero taxativos párrafos y de una narrativa descriptivamente demoledora. Con brutal franqueza relata eso que nos aniquila lentamente: la sensación de abandono.

La honestidad con la que la autora narra la desdicha, despojándola de cualquier tentación romántica, a veces cuesta tragar, por lo fidedigno, por lo real. El relato del acoso laboral prescinde de florituras retóricas. Tal cual: aislamiento, culpa, sumisión… “La compasión no tiene lugar hasta el momento en el que nos reconocemos en el otro”.
El duelo sentimental traza el universo de su protagonista también sin ambages: contradicción, inseguridad, abatimiento. “La relación amorosa se reducía quizá a ese desequilibrio: en cuanto se quiere algo, en cuanto se espera algo, ese algo se pierde”.

Y mientras, De Vigan, jugando con nosotros. Tratando de seducirnos con una camuflada esperanza que aparece como personaje en off…
No ha sido la sacudida sublime de Las Gratitudes, pero no defrauda.

#Lashorassubterráneas #DelphinedeVigan #DeVigan #novela #literaturafrancesa

Las olas subterráneas

Fue la historia, sin duda, pero también el ritmo de su prosa, absolutamente magnético, lo que me enamoró de Delphine de Vigan en Las Gratitudes. Me dejó ese sabor pletórico con el que a veces nos premia la literatura y cuya estela perseguimos como un nirvana reparador.
En Las horas subterráneas cambia de registro para seguir indagando sobre cuestiones universales. Esas que nos atañen a todos. Así, bajo el traje de un thriller psicológico nos cuenta, con la misma soberbia autoridad, una historia de soledades y desgarros en la que aplaudo, por encima de todo, la atmósfera oprimente y oscura que ha logrado.

Mathilde y Thibault son dos almas en crisis y en peregrinación por una sórdida ciudad, París, que los engulle y los invisibiliza. Ella trata de reaccionar a un jefe déspota que, de respetarla, ha pasado a humillarla, degradarla y desestabilizarla emocionalmente. Él es un médico a domicilio que acaba de dejar a la mujer que ama porque no se siente correspondido. Dos personajes desolados, destinados a converger en algún punto del relato, con los que De Vigan construye una inquietante novela a golpe de lacónicos pero taxativos párrafos y de una narrativa descriptivamente demoledora. Con brutal franqueza relata eso que nos aniquila lentamente: la sensación de abandono.

La honestidad con la que la autora narra la desdicha, despojándola de cualquier tentación romántica, a veces cuesta tragar, por lo fidedigno, por lo real. El relato del acoso laboral prescinde de florituras retóricas. Tal cual: aislamiento, culpa, sumisión… “La compasión no tiene lugar hasta el momento en el que nos reconocemos en el otro”.
El duelo sentimental traza el universo de su protagonista también sin ambages: contradicción, inseguridad, abatimiento. “La relación amorosa se reducía quizá a ese desequilibrio: en cuanto se quiere algo, en cuanto se espera algo, ese algo se pierde”.

Y mientras, De Vigan, jugando con nosotros. Tratando de seducirnos con una camuflada esperanza que aparece como personaje en off…
No ha sido la sacudida sublime de Las Gratitudes, pero no defrauda.

#Lashorassubterráneas #DelphinedeVigan #DeVigan #novela #literaturafrancesa

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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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