El olor de las olas
Tuve la intuición, en cuanto el libro cayó en mis manos, que me iba a despeinar un poco por dentro, supongo que por eso postergué su lectura. Y así ha sido, como una purgante catarata.
El olor de las olas, de Roberto Corral, es un viaje por esa memoria que llega ya desastrada al epílogo de nuestra vida, pero que ofrece, en su evocador ir y venir, reconfortantes y sublimes encuentros con uno mismo. Aurora, la anciana protagonista, a bordo del ingobernable barco de la nostalgia, nos lleva por su vida como si fuera la nuestra a través de esos temas que hermanan al ser humano: la infancia con su eterna inocencia; la familia, sus secretos y sus anécdotas; la amistad; el amor; el inigualable calor de los abuelos; los abrazos intransferibles de una madre… Una intensa biografía que Aurora desgrana preguntándose si a todo el mundo le pasará lo mismo: que a pesar de los años que el tiempo escribe en el rostro, el interior sigue habitado, permanentemente, por una rebelde y explosiva alma. Porque en el trasfondo de la historia hay una profunda reflexión sobre el modo en que acomodamos la vejez al pellejo, ese tránsito innegociable de las vidas dilatadas al que se llega sin saber muy bien cómo jugar las cartas.
El autor se ha marcado una historia mansa y pulcra, de una universalidad incuestionable, y narrada con un efectista lenguaje que consigue sacudirnos de nuestras enclenques ataduras para despertar nuestros sentidos. Con una prosa exquisita plagada de un sinfín de imágenes literarias, Corral telegrafía con gran precisión el caos de la enmarañada mente de Aurora, como esa ola que apenas deja su rastro en la arena llega otra para borrarlo.
A través de la voz de la protagonista conectamos con el brillo poético del relato y accedemos directamente al paisaje de nuestra propia memoria, lo que nos lleva a degustar la novela casi en primera persona.
Creo que fruto de esta intuición mía sobre la caladura que la historia tendría en mi piel tuve, a las pocas páginas de empezar el libro, un presentimiento revelador sobre la trama. Algo que para nada mermó la experiencia del desenlace y que desde luego no se debe a mi perspicacia sino, más bien, a la conexión que he establecido con el autor y su forma de escribir desde el principio. Dos obras he leído suyas y dos billetes que me ha brindado a ese territorio donde habitan nuestros yos presentes y pasados. ¡Un regalazo!
Sí. Me he sentido como una niña que, arrebujada en la cama, escucha absorta el cuento que ya no olvidará, no por el cuento en sí, sino por la voz que lo graba en la memoria y el beso de buenas noches que, invariablemente, llega después.
Aurorita, sólo me represento a mí misma, pero diría que sí, que el alma luce jovial y guerrera a pesar de los años.
¡Gracias, Roberto!
El olor de las olas
Finalista Premio Nadal de Novela 2020
Tuve la intuición, en cuanto el libro cayó en mis manos, que me iba a despeinar un poco por dentro, supongo que por eso postergué su lectura. Y así ha sido, como una purgante catarata.
El olor de las olas, de @robertocorralescritor es un viaje por esa memoria que llega ya desastrada al epílogo de nuestra vida, pero que ofrece, en su evocador ir y venir, reconfortantes y sublimes encuentros con uno mismo. Aurora, la anciana protagonista, a bordo del ingobernable barco de la nostalgia, nos lleva por su vida como si fuera la nuestra a través de esos temas que hermanan al ser humano: la infancia con su eterna inocencia; la familia, sus secretos y sus anécdotas; la amistad; el amor; el inigualable calor de los abuelos; los abrazos intransferibles de una madre… Una intensa biografía que Aurora desgrana preguntándose si a todo el mundo le pasará lo mismo: que a pesar de los años que el tiempo escribe en el rostro, el interior sigue habitado, permanentemente, por una rebelde y explosiva alma. Porque en el trasfondo de la historia hay una profunda reflexión sobre el modo en que acomodamos la vejez al pellejo, ese tránsito innegociable de las vidas dilatadas al que se llega sin saber muy bien cómo jugar las cartas.
El autor se ha marcado una historia mansa y pulcra, de una universalidad incuestionable, y narrada con un efectista lenguaje que consigue sacudirnos de nuestras enclenques ataduras para despertar nuestros sentidos. Con una prosa exquisita plagada de un sinfín de imágenes literarias, Corral telegrafía con gran precisión el caos de la enmarañada mente de Aurora, como esa ola que apenas deja su rastro en la arena llega otra para borrarlo.
A través de la voz de la protagonista conectamos con el brillo poético del relato y accedemos directamente al paisaje de nuestra propia memoria, lo que nos lleva a degustar la novela casi en primera persona.
Creo que fruto de esta intuición mía sobre la caladura que la historia tendría en mi piel tuve, a las pocas páginas de empezar el libro, un presentimiento revelador sobre la trama. Algo que para nada mermó la experiencia del desenlace y que desde luego no se debe a mi perspicacia sino, más bien, a la conexión que he establecido con el autor y su forma de escribir desde el principio. Dos obras he leído suyas y dos billetes que me ha brindado a ese territorio donde habitan nuestros yos presentes y pasados. ¡Un regalazo!
Sí. Me he sentido como una niña que, arrebujada en la cama, escucha absorta el cuento que ya no olvidará, no por el cuento en sí, sino por la voz que lo graba en la memoria y el beso de buenas noches que, invariablemente, llega después.
Aurorita, sólo me represento a mí misma, pero diría que sí, que el alma luce jovial y guerrera a pesar de los años.
¡Gracias, Roberto!
El olor de las olas
Finalista Premio Nadal de Novela 2020

