Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido
He tenido dos problemas con este libro: que ha ido de más a menos, y que el exceso de retórica en la puesta en escena me ha enmascarado el alma de la novela. A ver si me explico.
La actual premio Planeta, Paloma Sánchez Garnica, a quien acabo de conocer con este título, exhibe una pluma bien curtida en su oficio, pulcra, correctísima e hilvanada con un derroche léxico innegable. Esto, que a priori podría ser enriquecedor en la impresión final, a mí me ha desnaturalizado la lectura. La depurada formalidad con la que envuelve su prosa; la insistencia en expresar cada idea de varias maneras; el recrearse en el boato es lo que, a mi juicio, va gripando el fondo, enfría la trama hasta despojarla de emoción.
El caso es que el arranque me generó buenas expectativas. Un anciano a las puertas de la muerte reclama la presencia de su hija bastarda para explicarle el secreto por el que la ha mantenido alejada de él durante toda su vida. Este es el detonante, con la tensión narrativa bien arriba. A partir de aquí el personaje principal, Carlota, irá tirando de los distintos hilos para descubrir la red de mentiras, secretos y traiciones de la familia Balmaseda hasta llegar a su propia verdad. Un entramado de historias bien estructurado en un relato lineal, aunque con recurrentes idas y venidas del pasado al presente, y que va perdiendo consistencia a medida que avanza, como si el enredo fraguara en tantos nudos que su propia resolución es un entuerto mayor.
Con el drama repartido coralmente entre sus muchos personajes, la profusión de relaciones tóxicas por todas partes (entre hermanos, de padres a hijos, de hijos a padres); con maltratos varios y de distinta índole y con ese secretismo sobrevolando las páginas, a veces algo forzado, no he podido evitar sentir que estaba ante una telenovela. En todo caso, que mi opinión no ofusque tus buenas intenciones, Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido obtuvo el Premio de Novela Fernando Lara en 2016, supongo que con un jurado compuesto por voces más versadas y eruditas que la mía, así que si tenías previsto leer este título, hazlo y me cuentas.
Siempre que termino un libro con este sinsabor me hago la misma pregunta. ¿Leeré otro libro de este autor? En algunas ocasiones soy expeditiva, porque la desconexión ha sido absoluta y las sensaciones nada estimulantes. Sin embargo, en este caso la respuesta es sí, porque siento que todavía podemos encontrarnos y porque una de las cosas que más me gusta en literatura es que cierren la boca a mis impresiones previas con una experiencia de esas olímpicas. Ojalá esta autora lo consiga con el próximo título.
He tenido dos problemas con este libro: que ha ido de más a menos, y que el exceso de retórica en la puesta en escena me ha enmascarado el alma de la novela. A ver si me explico.
La actual premio Planeta, Paloma Sánchez Garnica, a quien acabo de conocer con este título, exhibe una pluma bien curtida en su oficio, pulcra, correctísima e hilvanada con un derroche léxico innegable. Esto, que a priori podría ser enriquecedor en la impresión final, a mí me ha desnaturalizado la lectura. La depurada formalidad con la que envuelve su prosa; la insistencia en expresar cada idea de varias maneras; el recrearse en el boato es lo que, a mi juicio, va gripando el fondo, enfría la trama hasta despojarla de emoción.
El caso es que el arranque me generó buenas expectativas. Un anciano a las puertas de la muerte reclama la presencia de su hija bastarda para explicarle el secreto por el que la ha mantenido alejada de él durante toda su vida. Este es el detonante, con la tensión narrativa bien arriba. A partir de aquí el personaje principal, Carlota, irá tirando de los distintos hilos para descubrir la red de mentiras, secretos y traiciones de la familia Balmaseda hasta llegar a su propia verdad. Un entramado de historias bien estructurado en un relato lineal, aunque con recurrentes idas y venidas del pasado al presente, y que va perdiendo consistencia a medida que avanza, como si el enredo fraguara en tantos nudos que su propia resolución es un entuerto mayor.
Con el drama repartido coralmente entre sus muchos personajes, la profusión de relaciones tóxicas por todas partes (entre hermanos, de padres a hijos, de hijos a padres); con maltratos varios y de distinta índole y con ese secretismo sobrevolando las páginas, a veces algo forzado, no he podido evitar sentir que estaba ante una telenovela. En todo caso, que mi opinión no ofusque tus buenas intenciones, Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido obtuvo el Premio de Novela Fernando Lara en 2016, supongo que con un jurado compuesto por voces más versadas y eruditas que la mía, así que si tenías previsto leer este título, hazlo y me cuentas.
Siempre que termino un libro con este sinsabor me hago la misma pregunta. ¿Leeré otro libro de este autor? En algunas ocasiones soy expeditiva, porque la desconexión ha sido absoluta y las sensaciones nada estimulantes. Sin embargo, en este caso la respuesta es sí, porque siento que todavía podemos encontrarnos y porque una de las cosas que más me gusta en literatura es que cierren la boca a mis impresiones previas con una experiencia de esas olímpicas. Ojalá esta autora lo consiga con el próximo título.

