¿Eres lector curioso con gusto por los desafíos? ¡Tengo propuesta!
Desafío tanto desde el punto de vista técnico como argumental porque Saramago, partiendo de una trama que raya el absurdo, presenta una novela fantasioso-existencialista con clase magistral sobre cómo utilizar al narrador.
El hombre duplicado es un astuto juego de malabares con las dudas y paranoias que asaltan a un individuo que de pronto descubre, en su misma ciudad, a una réplica, un sosia, una copia idéntica a él sin lazos de sangre de por medio. Tertuliano Máximo Afonso es el vulgar profesor de historia que hace el hallazgo del doble; Antonio Caro es el vulgar actor de reparto descubierto por el primero.
La historia es relatada por unos narradores que tienen plena conciencia de sí mismos. Quiere decir esto que a veces dejan a los personajes colgados de cualquier escena para cuestionarlos, para burlarse o para introducir sus propias cavilaciones en exclusiva complicidad con el lector. Otras se limitan a reproducir, sin entrometerse, conductas y conversaciones tan exóticas como brillantes, como las que a menudo mantiene Tertuliano con el Sentido Común.
El caso es que, entre los puntillosos narradores y las excentricidades de la historia, se crea un universo metaliterario al servicio de la trama muy interesante para hablar, en definitiva, de la búsqueda de identidad. La reflexión sobre quiénes somos y cómo percibimos nuestra singularidad permea toda la obra, a veces de forma superficial (no sólo nos define nuestra apariencia), pero también apelando al ecosistema sobre el que nos construimos: fragilidad, resistencia, validación, amenaza, pertenencia, rechazo, compromiso…
Prosa ladrillo vista
Si esto te parece un reto menor, el autor recurre a una prosa “ladrillo vista” a prueba de valientes, sin respeto por el formato diálogo y con signos de puntuación y mayúsculas a criterio Saramago, como si fuera un ovillo de lana a desentrañar. ¡Mete la nariz ahí!, parece que nos dice Saramago, y fusiónate con los sagaces narradores que se regodean en el arponeo de sus personajes.
Hacerse con el ritmo del relato, pillar el paso de baile, es primordial para disfrutarlo, porque una vez dominas su cadencia la historia te atrapa en sus tentáculos mientras se cuece un desenlace con alma de novela negra.
Hay quien dice que este título (2002) no está al nivel de otros predecesores del Premio Nobel. Sólo había leído “Ensayo sobre la ceguera” así que no puedo comparar, pero a mí la novela me ha encantado. Tertuliano es un personaje adorable que te contagia su desasosiego y perplejidad sin victimismo, y Saramago, que consideraba esta su novela más filosófica, se recrea con pluma intrigante y suntuosa en la elaboración de esta original tela de araña, verosímil a pesar del absurdo, y totalmente exenta de moralinas gratuitas.
Para mí, con debilidad manifiesta por el género que aúna lo filosófico con la ficción, ha sido una lectura brillante. Ahí lo dejo.
#JoséSaramago #Elhombreduplicado #PremioNobel1998 #existencialismo #novelafilosófica #Saramago
¿Eres lector curioso con gusto por los desafíos? ¡Tengo propuesta!
Desafío tanto desde el punto de vista técnico como argumental porque Saramago, partiendo de una trama que raya el absurdo, presenta una novela fantasioso-existencialista con clase magistral sobre cómo utilizar al narrador.
El hombre duplicado es un astuto juego de malabares con las dudas y paranoias que asaltan a un individuo que de pronto descubre, en su misma ciudad, a una réplica, un sosia, una copia idéntica a él sin lazos de sangre de por medio. Tertuliano Máximo Afonso es el vulgar profesor de historia que hace el hallazgo del doble; Antonio Caro es el vulgar actor de reparto descubierto por el primero.
La historia es relatada por unos narradores que tienen plena conciencia de sí mismos. Quiere decir esto que a veces dejan a los personajes colgados de cualquier escena para cuestionarlos, para burlarse o para introducir sus propias cavilaciones en exclusiva complicidad con el lector. Otras se limitan a reproducir, sin entrometerse, conductas y conversaciones tan exóticas como brillantes, como las que a menudo mantiene Tertuliano con el Sentido Común.
El caso es que, entre los puntillosos narradores y las excentricidades de la historia, se crea un universo metaliterario al servicio de la trama muy interesante para hablar, en definitiva, de la búsqueda de identidad. La reflexión sobre quiénes somos y cómo percibimos nuestra singularidad permea toda la obra, a veces de forma superficial (no sólo nos define nuestra apariencia), pero también apelando al ecosistema sobre el que nos construimos: fragilidad, resistencia, validación, amenaza, pertenencia, rechazo, compromiso…
Prosa ladrillo vista
Si esto te parece un reto menor, el autor recurre a una prosa “ladrillo vista” a prueba de valientes, sin respeto por el formato diálogo y con signos de puntuación y mayúsculas a criterio Saramago, como si fuera un ovillo de lana a desentrañar. ¡Mete la nariz ahí!, parece que nos dice Saramago, y fusiónate con los sagaces narradores que se regodean en el arponeo de sus personajes.
Hacerse con el ritmo del relato, pillar el paso de baile, es primordial para disfrutarlo, porque una vez dominas su cadencia la historia te atrapa en sus tentáculos mientras se cuece un desenlace con alma de novela negra.
Hay quien dice que este título (2002) no está al nivel de otros predecesores del Premio Nobel. Sólo había leído “Ensayo sobre la ceguera” así que no puedo comparar, pero a mí la novela me ha encantado. Tertuliano es un personaje adorable que te contagia su desasosiego y perplejidad sin victimismo, y Saramago, que consideraba esta su novela más filosófica, se recrea con pluma intrigante y suntuosa en la elaboración de esta original tela de araña, verosímil a pesar del absurdo, y totalmente exenta de moralinas gratuitas.
Para mí, con debilidad manifiesta por el género que aúna lo filosófico con la ficción, ha sido una lectura brillante. Ahí lo dejo.
#JoséSaramago #Elhombreduplicado #PremioNobel1998 #existencialismo #novelafilosófica #Saramago


Me ha gustado tu reseña, Matilde.
Tomo nota del libro para comenzar a leer a Saramago, que lo tengo pendiente.
Un fuerte abrazo 🙂
Hola, Miguel
Saramago es un lujazo. Tiene una escritura luminosa y reveladora.
Espero que lo disfrutes.
Un abrazo