Allí donde la luna no tiene frío

por | Sep 3, 2020 | Blog | 5 Comentarios

lugar de paz

Imagen de Matilde Bello

He viajado allí donde la luna no tiene frío y la noche perfuma el silencio con una paz sobrecogedora que anula los sentidos. Donde un adictivo reposo acuna la conciencia para que se deje mecer, sin miedo, en brazos del olvido. Allí nacen los días pequeños, alegres, inocentes y furtivos, se dan de la mano para no perderse, pero no miran si es miércoles o domingo.

Vacié la maleta del ruido que llevaba dentro y, acorralado por mi impaciencia, trepó por los manzanos y los cerezos, se perdió entre los campos de trigo. Con la mente vestida de blanco y el cuerpo sedado de cualquier distracción de artificio, llené de nada el armario para que me sorprendiera cuando volviera a abrirlo.

He visto océanos de sol cantando boleros en el cielo y nubes en flor imaginando paraísos erráticos donde la memoria camina descalza, lejos de sus cotos prohibidos. Le he rogado al amanecer que detenga su trayecto, que pause su despertar para que pueda entender su secreto, y en su insondable inmensidad, en su liviano movimiento, comprendí que solo cuando miras sin preguntar compartes su misterio.

He escondido fantasías en el ulular del viento que han volado, consentidas, riéndose de mí y de todos mis infiernos; han llamado a la puerta de la locura, se han contaminado de insolencia fresca, de sinrazón de fresa; ¡van ebrias de juegos de intrigas y de té de lujuria! A su regreso me han sacado la lengua y se han tumbado en la era, atrevidas, invocando al cierzo para un nuevo éxodo de altura.

Me he servido una vida desordenada en una dieta privada de rutina aderezada con afectos zalameros. Para beber, un gran reserva de esos abrazos eternos que se encienden de ternura en las sombras y dejan un rastro hasta su refugio. De postre una buena ración de recuerdos, tejidos con lana merina, para arropar el alma en las noches de ausencia y sacudir sobre ella su esencia en los días de tedio.

He regresado con un baúl de intenciones arrebujadas entre emociones que bostezan su somnolencia mientras se conectan de nuevo a mi latido. Me he traído un trocito de esa luna cálida y de esa paz nominada para soplar sobre mi piel cuando necesite abrigo. Si me alumbras con tu mirada veré luz en el silencio de las piedras que me encuentre en el camino, a veces sendero raso, otras de maleza invadido. Seré centinela explorando presentes que se escapan, persiguiendo crepúsculos infinitos; alentada por la voz de tu presencia te mostraré mi alma sin juicios, sin presunciones ni vaticinios.

 “Quien volviendo a hacer el camino viejo aprende el nuevo, puede considerarse un maestro.

CONFUCIO

 

lugar de paz

Imagen de Matilde Bello

He viajado allí donde la luna no tiene frío y la noche perfuma el silencio con una paz sobrecogedora que anula los sentidos. Donde un adictivo reposo acuna la conciencia para que se deje mecer, sin miedo, en brazos del olvido. Allí nacen los días pequeños, alegres, inocentes y furtivos, se dan de la mano para no perderse, pero no miran si es miércoles o domingo.

Vacié la maleta del ruido que llevaba dentro y, acorralado por mi impaciencia, trepó por los manzanos y los cerezos, se perdió entre los campos de trigo. Con la mente vestida de blanco y el cuerpo sedado de cualquier distracción de artificio, llené de nada el armario para que me sorprendiera cuando volviera a abrirlo.

He visto océanos de sol cantando boleros en el cielo y nubes en flor imaginando paraísos erráticos donde la memoria camina descalza, lejos de sus cotos prohibidos. Le he rogado al amanecer que detenga su trayecto, que pause su despertar para que pueda entender su secreto, y en su insondable inmensidad, en su liviano movimiento, comprendí que solo cuando miras sin preguntar compartes su misterio.

He escondido fantasías en el ulular del viento que han volado, consentidas, riéndose de mí y de todos mis infiernos; han llamado a la puerta de la locura, se han contaminado de insolencia fresca, de sinrazón de fresa; ¡van ebrias de juegos de intrigas y de té de lujuria! A su regreso me han sacado la lengua y se han tumbado en la era, atrevidas, invocando al cierzo para un nuevo éxodo de altura.

Me he servido una vida desordenada en una dieta privada de rutina aderezada con afectos zalameros. Para beber, un gran reserva de esos abrazos eternos que se encienden de ternura en las sombras y dejan un rastro hasta su refugio. De postre una buena ración de recuerdos, tejidos con lana merina, para arropar el alma en las noches de ausencia y sacudir sobre ella su esencia en los días de tedio.

He regresado con un baúl de intenciones arrebujadas entre emociones que bostezan su somnolencia mientras se conectan de nuevo a mi latido. Me he traído un trocito de esa luna cálida y de esa paz nominada para soplar sobre mi piel cuando necesite abrigo. Si me alumbras con tu mirada veré luz en el silencio de las piedras que me encuentre en el camino, a veces sendero raso, otras de maleza invadido. Seré centinela explorando presentes que se escapan, persiguiendo crepúsculos infinitos; alentada por la voz de tu presencia te mostraré mi alma sin juicios, sin presunciones ni vaticinios.

 “Quien volviendo a hacer el camino viejo aprende el nuevo, puede considerarse un maestro.

CONFUCIO

 

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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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