El mapa de los afectos

por | Abr 3, 2024 | Blog | 2 Comentarios

El mapa de los afectos

Me acerqué a esta novela un poco a la aventura, atraída por un título tentador al que presumí centinela de una historia de intensas emociones.
He errado el tiro…

El mapa de los afectos, de Ana Merino, se abre como un mosaico de interesantes expectativas en su inicio y, poco a poco, se desdibuja en el taimado camino elegido para mostrarse. Como una sinfonía coral, la historia se estructura en 23 episodios que dan voz a un protagonista distinto cada vez, sin que haya uno predominante sobre otro, más allá del hecho de que abre y cierra el libro con el mismo personaje. Aquí está la peculiaridad de este Premio Nadal (2020), la de desplegarse en pequeños microcosmos que de alguna manera se hilvanan en torno a un pueblo, suceso, raíces o circunstancias comunes, pero cuya mirada global, a mi juicio, te deja un poco “bluf”. Y mira que la escritora exhibe una retórica deslumbrante a quien se le adivina su trayectoria lírica, su pluma es indiscutiblemente exquisita y con una preciosa plasticidad, pero en esta, su primera novela, me temo que el cuidadoso formato del continente se ha comido al contenido.

He tenido la sensación de observar un almendro en su reposo invernal, con todos esos capítulos unicelulares formando una frondosa copa de ramas a la que, lamentablemente, le ha faltado la floración. Los veinte personajes pivotan alrededor de historias y hechos de lo más diversos: violencia, drogas, humillaciones, feminismo, muerte, maltrato animal… Algunos parecen metidos con calzador, y muchos suenan atroces, pero casi todos los resuelve la autora con recursos como la justicia poética: «La estúpida cabeza del párroco, que, como una ofrenda macabra, el viento de la religión trasparente que rige el alma verdadera de las cosas parecía haber puesto a sus pies»; o con un buenismo que a veces da a la novela un chirriante tono naif. El narrador omnisciente de la novela, parcial, adoctrinador y ejemplarizante, agota un poco y esa apuesta de la autora por una narrativa dispersa, a mi juicio, ha encriptado en exceso los afectos, o el objetivo que buscaba a través de ellos, dentro del entramado de su mapa.

A pesar de lo dicho insisto en la calidad de la pluma y el talento de Ana Merino, con quien no descarto reencontrarme en el futuro por si se produce la conexión que presumo entre las dos.

Cita

«Tom sintió la punzada de la muerte en su corazón y abrió los ojos […] vio la silueta de un hermosos pavo salvaje que lo estaba observando con fijeza […] y en Tom quedó grabado el leve gesto de una sonrisa, fruto del último pensamiento en el instante perplejo del aliento que expira».

El mapa de los afectos

Me acerqué a esta novela un poco a la aventura, atraída por un título tentador al que presumí centinela de una historia de intensas emociones.
He errado el tiro…

El mapa de los afectos, de Ana Merino, se abre como un mosaico de interesantes expectativas en su inicio y, poco a poco, se desdibuja en el taimado camino elegido para mostrarse. Como una sinfonía coral, la historia se estructura en 23 episodios que dan voz a un protagonista distinto cada vez, sin que haya uno predominante sobre otro, más allá del hecho de que abre y cierra el libro con el mismo personaje. Aquí está la peculiaridad de este Premio Nadal (2020), la de desplegarse en pequeños microcosmos que de alguna manera se hilvanan en torno a un pueblo, suceso, raíces o circunstancias comunes, pero cuya mirada global, a mi juicio, te deja un poco “bluf”. Y mira que la escritora exhibe una retórica deslumbrante a quien se le adivina su trayectoria lírica, su pluma es indiscutiblemente exquisita y con una preciosa plasticidad, pero en esta, su primera novela, me temo que el cuidadoso formato del continente se ha comido al contenido.

He tenido la sensación de observar un almendro en su reposo invernal, con todos esos capítulos unicelulares formando una frondosa copa de ramas a la que, lamentablemente, le ha faltado la floración. Los veinte personajes pivotan alrededor de historias y hechos de lo más diversos: violencia, drogas, humillaciones, feminismo, muerte, maltrato animal… Algunos parecen metidos con calzador, y muchos suenan atroces, pero casi todos los resuelve la autora con recursos como la justicia poética: «La estúpida cabeza del párroco, que, como una ofrenda macabra, el viento de la religión trasparente que rige el alma verdadera de las cosas parecía haber puesto a sus pies»; o con un buenismo que a veces da a la novela un chirriante tono naif. El narrador omnisciente de la novela, parcial, adoctrinador y ejemplarizante, agota un poco y esa apuesta de la autora por una narrativa dispersa, a mi juicio, ha encriptado en exceso los afectos, o el objetivo que buscaba a través de ellos, dentro del entramado de su mapa.

A pesar de lo dicho insisto en la calidad de la pluma y el talento de Ana Merino, con quien no descarto reencontrarme en el futuro por si se produce la conexión que presumo entre las dos.

Cita

«Tom sintió la punzada de la muerte en su corazón y abrió los ojos […] vio la silueta de un hermosos pavo salvaje que lo estaba observando con fijeza […] y en Tom quedó grabado el leve gesto de una sonrisa, fruto del último pensamiento en el instante perplejo del aliento que expira».

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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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