La rebelión del alma (1)

por | Ene 30, 2020 | Blog | 4 Comentarios

Imagen de Gerd Altmann

Hoy tengo el peso del mundo sobre los hombros y mi alma se ha quedado en blanco, pero en vez de ofrecerme algo de consuelo, se ríe de mí con sorna y su voz me llega de lejos, desprendida de mis células, ignorando mi inquietud con desdén, resentida, como si fuera un pepito grillo mofándose de mis desvelos.

No entiendo nada, dónde está esa expresión dulce y aflorada que aparece de la nada y conmueve mis cimientos.  Dónde la letra encuadernada con paciencia, que vestida de domingo me alegra el pensamiento. Si en algo te falté, la verdad, lo siento. Pero no comparto esta versión malhumorada y burlona que se contonea ante mi vacilación y taconea mi frustración al viento.

Reconstruyo mis últimos días ¿o tal vez semanas? He perdido la noción del tiempo. Visualizo lunes de pereza y martes desganada, miércoles deprimidos y jueves irritada, viernes de apatía, sábados frustrada y domingos remolones y quejumbrosos mirándome el ombligo despidiendo, con una mueca, el ocaso por la ventana.

No recuerdo la última sonrisa generosa, o el dar las gracias, por gracias; rendir tributo a la mañana con una promesa de ilusión en la voz, o seducir al aire con una palabra emocionada. He renunciado a enhebrar con paciencia la tribulación y a garabatear con ternura la desesperanza.  No me extraña que mi alma se declare en rebelión, soy yo quien ha alentado su marcha.

Abro negociación urgente, necesito su vuelta inmediata. Sin mi alma soy un agosto desolado que se ahoga en la añoranza; un verso divergente perdido en un prosa caótica a la caza de alguna asonancia.

Solicito humildemente que me atienda en confesión, pero ella me mira, renuente, por encima de sus gafas. Lo sé, he pecado de arrogancia.

Dibuja el silencio con un dedo en los labios, niega con la cabeza, me da la espalda. Pinta el desaire con las manos y, sin decir una palabra, se pierde en el rastro de su determinación, me deja con las ganas….

“Los que no escudriñan los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desgraciados”

Marco Aurelio


Imagen de Gerd Altmann

Hoy tengo el peso del mundo sobre los hombros y mi alma se ha quedado en blanco, pero en vez de ofrecerme algo de consuelo, se ríe de mí con sorna y su voz me llega de lejos, desprendida de mis células, ignorando mi inquietud con desdén, resentida, como si fuera un pepito grillo mofándose de mis desvelos.

No entiendo nada, dónde está esa expresión dulce y aflorada que aparece de la nada y conmueve mis cimientos.  Dónde la letra encuadernada con paciencia, que vestida de domingo me alegra el pensamiento. Si en algo te falté, la verdad, lo siento. Pero no comparto esta versión malhumorada y burlona que se contonea ante mi vacilación y taconea mi frustración al viento.

Reconstruyo mis últimos días ¿o tal vez semanas? He perdido la noción del tiempo. Visualizo lunes de pereza y martes desganada, miércoles deprimidos y jueves irritada, viernes de apatía, sábados frustrada y domingos remolones y quejumbrosos mirándome el ombligo despidiendo, con una mueca, el ocaso por la ventana.

No recuerdo la última sonrisa generosa, o el dar las gracias, por gracias; rendir tributo a la mañana con una promesa de ilusión en la voz, o seducir al aire con una palabra emocionada. He renunciado a enhebrar con paciencia la tribulación y a garabatear con ternura la desesperanza.  No me extraña que mi alma se declare en rebelión, soy yo quien ha alentado su marcha.

Abro negociación urgente, necesito su vuelta inmediata. Sin mi alma soy un agosto desolado que se ahoga en la añoranza; un verso divergente perdido en un prosa caótica a la caza de alguna asonancia.

Solicito humildemente que me atienda en confesión, pero ella me mira, renuente, por encima de sus gafas. Lo sé, he pecado de arrogancia.

Dibuja el silencio con un dedo en los labios, niega con la cabeza, me da la espalda. Pinta el desaire con las manos y, sin decir una palabra, se pierde en el rastro de su determinación, me deja con las ganas….

“Los que no escudriñan los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desgraciados”

Marco Aurelio


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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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