Mi paraguas mágico

por | Nov 28, 2019 | Blog | 8 Comentarios

Foto: ATDSPHOTO

Una nube oscura baila hoy sobre mis pasos, no me deja ver el sol, se burla de mí, se carcajea, ha decidido ocupar todo mi campo visual y se recrea con una lluvia fina y heladora que cala hasta los huesos. Se ha propuesto tumbar los sueños que he soñado por inverosímiles e infundados, anular objetivos decididos por improcedentes y arbitrarios, frustar mis buenas intenciones por pueriles y minar mi buen humor, en definitiva, por estar del todo injustificado.

Creo que es uno de esos días de “mejor no haberse levantado” pero ya es tarde, camino por la calle con mi sombra de la mano, y soy consciente de que los demás sufren peligro de contagio. Así que no miro a los ojos a nadie, tampoco parece que nadie me vaya buscando, solo acelero sin rumbo, huyo de una energía negativa que me persigue insistentemente, me está avasallando.

La humedad se pega a mi piel y las malas vibraciones se van acomodando, acceden con sus tentáculos sibilinos al rincón de pensar, para dejar su huella negra sobre las ilusiones frescas que estaba gestando. Van tras las llaves de mi espíritu, que descansa en el salón de mi alma algo despistado, dan fuertes sacudidas para entrar, para contaminar también ese lugar sensible, convenientemente amurallado.

De pronto me acuerdo de mi paraguas mágico que viaja cantarín al ritmo de mis zapatos, se viste con un traje anti demonios para repeler atmósferas inhóspitas y transformar en tolerables los malos estados de ánimo. Cuando lo abro enciende para mí un sol de primavera con unas ventanitas luminosas que me devuelven el reflejo de la niña que era.

Mi paraguas mágico me aísla de las palabras que hieren, de los silencios que gritan, de los desplantes gratuitos, de los gestos feos que se graban en la memoria como arañazos hechos con uñas rotas.  Me inmuniza con un impermeable donde rebota la frustración que otros quieren descargarme, me invita a bailar con la lluvia, a sonreír al señor que pasa por el parque, a que piense en voz alta y a que, si tengo que solucionar algo, hable.

Con esos ojos inocentes, recuperados de la infancia, vuelvo a asomarme al mundo para comprobar que las nubes oscuras solo traen agua fresca, que el paisaje lo pinta así el otoño para fertilizar la tierra, que si el sol brilla menos tal vez sea que se está echando la siesta.

¡Qué suerte la mía, que tengo un paraguas que hace magia!

Bien merece el mortal que se lamenta, corriendo tras de cosa que no dura, la suerte que en la vida lo atormenta...”
DANTE


 

 

Foto: ATDSPHOTO

Una nube oscura baila hoy sobre mis pasos, no me deja ver el sol, se burla de mí, se carcajea, ha decidido ocupar todo mi campo visual y se recrea con una lluvia fina y heladora que cala hasta los huesos. Se ha propuesto tumbar los sueños que he soñado por inverosímiles e infundados, anular objetivos decididos por improcedentes y arbitrarios, frustar mis buenas intenciones por pueriles y minar mi buen humor, en definitiva, por estar del todo injustificado.

Creo que es uno de esos días de “mejor no haberse levantado” pero ya es tarde, camino por la calle con mi sombra de la mano, y soy consciente de que los demás sufren peligro de contagio. Así que no miro a los ojos a nadie, tampoco parece que nadie me vaya buscando, solo acelero sin rumbo, huyo de una energía negativa que me persigue insistentemente, me está avasallando.

La humedad se pega a mi piel y las malas vibraciones se van acomodando, acceden con sus tentáculos sibilinos al rincón de pensar, para dejar su huella negra sobre las ilusiones frescas que estaba gestando. Van tras las llaves de mi espíritu, que descansa en el salón de mi alma algo despistado, dan fuertes sacudidas para entrar, para contaminar también ese lugar sensible, convenientemente amurallado.

De pronto me acuerdo de mi paraguas mágico que viaja cantarín al ritmo de mis zapatos, se viste con un traje anti demonios para repeler atmósferas inhóspitas y transformar en tolerables los malos estados de ánimo. Cuando lo abro enciende para mí un sol de primavera con unas ventanitas luminosas que me devuelven el reflejo de la niña que era.

Mi paraguas mágico me aísla de las palabras que hieren, de los silencios que gritan, de los desplantes gratuitos, de los gestos feos que se graban en la memoria como arañazos hechos con uñas rotas.  Me inmuniza con un impermeable donde rebota la frustración que otros quieren descargarme, me invita a bailar con la lluvia, a sonreír al señor que pasa por el parque, a que piense en voz alta y a que, si tengo que solucionar algo, hable.

Con esos ojos inocentes, recuperados de la infancia, vuelvo a asomarme al mundo para comprobar que las nubes oscuras solo traen agua fresca, que el paisaje lo pinta así el otoño para fertilizar la tierra, que si el sol brilla menos tal vez sea que se está echando la siesta.

¡Qué suerte la mía, que tengo un paraguas que hace magia!

““Bien merece el mortal que se lamenta, corriendo tras de cosa que no dura, la suerte que en la vida lo atormenta...”
DANTE
 

 

 

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Matilde Bello

Matilde Bello

Periodista y escritora

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