A ti, negacionista
Imagen de Pixabay
Claudia tenía 17 años.
Ha sido asesinada por su expareja de 19 años (presuntamente, aunque lo ha confesado).
¿Y dices que no existe la violencia de género?
Sí. Te hablo a ti, si eres parte de ese 40% de población española que considera la violencia de género mala ficción literaria; o a ti, que te sientes muy cómodo siendo ese “uno entre cinco” jóvenes varones de entre 15 y 29 años que cree que es «un invento ideológico”.
Dime, ¿por qué la ha matado, según tu negada opinión? ¿Porque tuvo un mal día? ¿Porque se le cruzaron los cables? ¿Enajenación mental transitoria? Resulta que no se fue a por el primer desconocido que se cruzó en su camino, ni a por ninguna otra persona de su entorno. Su víctima tenía nombre desde el principio y era solo una. Claudia. ¿Y sabes por qué?
No. No te canses. Ya te respondo yo.
Porque para ese joven Claudia era de su propiedad. En más de una ocasión ella había llegado con moratones al instituto. Lamentablemente nunca denunció. Del presunto asesino han dicho que era un “bendito”; que parecía un buen chico, bla, bla, bla…
Y ya ves. El bendito ha confesado matarla a navajazos porque “se negaba a retomar la relación”. Ya está. Víctima de violencia de género número tres de este 2022; la 1.129 desde que se recaban datos. Y como tantas, murió sencillamente porque alguien que una vez dijo amarla decidió que no merecía vivir un cuarto de hora después. Se sintió en su derecho de quitarle la vida. Y a eso, amigo negacionista, se le llama violencia de género, violencia machista o violencia sexista. Elige el término que prefieras porque por mucho que lo niegues está ahí, tan presente y descorazonadoramente aberrante que las cifras son insoportables.
Hay que ser muy cobarde para negar que a una mujer la acosan solo por ser mujer; que la intimidan por ser mujer; que la violan por ser mujer y que la matan por ser mujer. Por ser esa mujer que en un momento dado alguien quiere someter a su voluntad.
Tenía 17 años, ¡por Dios! ¡Basta ya de minimizar, de banalizar, de negar!
¿Qué es lo que no entiendes para tener la piel tan insensible?
Como no ves su sangre cuando un energúmeno le pega. No existe.
Como no te duelen sus golpes. No existe.
Como no sientes su miedo. No existe.
Pues déjame decirte que si eres de los que piensa “se lo tendría merecido” o alguna infamia parecida. Eres un cretino.
Si piensas que a la mujer hay que “sujetarla en corto”. Eres un cretino.
Si te gusta controlarla, mirar su móvil y decidir por ella. Eres un cretino.
Si crees que una paliza es “por su bien”. Eres un cretino.
Si miras para otro lado con el argumento de que «ha sido una casualidad que sea mujer». Eres un cretino.
Me encantaría hablar de que algo está fallando en nuestra sociedad para que nuestros jóvenes estén más cerca de sus abuelos que de sus padres en términos de igualdad; de que los eslóganes y la desinformación se propaga mucho más fácilmente que la educación, pero hoy estoy muy enfadada. Lo dejaremos para otro día.
Solo una cosa más. Si te resulta tan fácil negar esa violencia, o peor aún, justificarla, se me antoja que cruzar la frontera “al otro lado” no sería un camino difícil de franquear para ti. Así que hazme un favor:
Ten las agallas de ir a pecho descubierto con tu negacionismo, de exhibirlo bien clarito, para al menos tener la oportunidad de evitarte.
Imagen de Pixabay
Claudia tenía 17 años.
Ha sido asesinada por su expareja de 19 años (presuntamente, aunque lo ha confesado).
¿Y dices que no existe la violencia de género?
Sí. Te hablo a ti, si eres parte de ese 40% de población española que considera la violencia de género mala ficción literaria; o a ti, que te sientes muy cómodo siendo ese “uno entre cinco” jóvenes varones de entre 15 y 29 años que cree que es «un invento ideológico”.
Dime, ¿por qué la ha matado, según tu negada opinión? ¿Porque tuvo un mal día? ¿Porque se le cruzaron los cables? ¿Enajenación mental transitoria? Resulta que no se fue a por el primer desconocido que se cruzó en su camino, ni a por ninguna otra persona de su entorno. Su víctima tenía nombre desde el principio y era solo una. Claudia. ¿Y sabes por qué?
No. No te canses. Ya te respondo yo.
Porque para ese joven Claudia era de su propiedad. En más de una ocasión ella había llegado con moratones al instituto. Lamentablemente nunca denunció. Del presunto asesino han dicho que era un “bendito”; que parecía un buen chico, bla, bla, bla…
Y ya ves. El bendito ha confesado matarla a navajazos porque “se negaba a retomar la relación”. Ya está. Víctima de violencia de género número tres de este 2022; la 1.129 desde que se recaban datos. Y como tantas, murió sencillamente porque alguien que una vez dijo amarla decidió que no merecía vivir un cuarto de hora después. Se sintió en su derecho de quitarle la vida. Y a eso, amigo negacionista, se le llama violencia de género, violencia machista o violencia sexista. Elige el término que prefieras porque por mucho que lo niegues está ahí, tan presente y descorazonadoramente aberrante que las cifras son insoportables.
Hay que ser muy cobarde para negar que a una mujer la acosan solo por ser mujer; que la intimidan por ser mujer; que la violan por ser mujer y que la matan por ser mujer. Por ser esa mujer que en un momento dado alguien quiere someter a su voluntad.
Tenía 17 años, ¡por Dios! ¡Basta ya de minimizar, de banalizar, de negar!
¿Qué es lo que no entiendes para tener la piel tan insensible?
Como no ves su sangre cuando un energúmeno le pega. No existe.
Como no te duelen sus golpes. No existe.
Como no sientes su miedo. No existe.
Pues déjame decirte que si eres de los que piensa “se lo tendría merecido” o alguna infamia parecida. Eres un cretino.
Si piensas que a la mujer hay que “sujetarla en corto”. Eres un cretino.
Si te gusta controlarla, mirar su móvil y decidir por ella. Eres un cretino.
Si crees que una paliza es “por su bien”. Eres un cretino.
Si miras para otro lado con el argumento de que «ha sido una casualidad que sea mujer». Eres un cretino.
Me encantaría hablar de que algo está fallando en nuestra sociedad para que nuestros jóvenes estén más cerca de sus abuelos que de sus padres en términos de igualdad; de que los eslóganes y la desinformación se propaga mucho más fácilmente que la educación, pero hoy estoy muy enfadada. Lo dejaremos para otro día.
Solo una cosa más. Si te resulta tan fácil negar esa violencia, o peor aún, justificarla, se me antoja que cruzar la frontera “al otro lado” no sería un camino difícil de franquear para ti. Así que hazme un favor:
Ten las agallas de ir a pecho descubierto con tu negacionismo, de exhibirlo bien clarito, para al menos tener la oportunidad de evitarte.
Me ha gustado tu entrada. Ya va siendo hora de que se dejen de tanto negar y evitar la realidad, y pongan de una vez los pies en el suelo.
Un saludo
Hola Alba,
Lo peor es que parece que va a más…
Es terrible
Sí que está fallando algo en la sociedad, esa que dicen que hemos construido entre todos. El qué, no lo sé. Diría que ¿la educación que uno recibe desde pequeño? ¿El entorno en el que se cría? ¿La ausencia de valores? ¿Costumbres y tradiciones bárbaras arraigadas desde hace siglos imposibles de extirpar en según qué países? ¿Cómo cambiamos la esencia interior de una persona? ¿Cómo cambiamos la manera de pensar y actuar de toda una generación? ¿Endurecemos las penas? Dicen que el verdadero cambio empieza por uno mismo. Sigo sin saberlo. Creo, y que alguien me corrija si estoy desacertado, que el problema es muy profundo. Profundo y antiguo. Y está enquistado. Ese patriarcado primigenio y tan incomprensiblemente real hoy en día. Y parece que no se va. Desaprendemos a marchas forzadas si es que en algún momento aprendimos algo que nos hiciera avanzar.
Sin duda ninguna la educación es el pilar, la base de una formación en valores, en el respeto a la igualdad y el más básico derecho a la vida. Pero es que cuando parecía que estábamos avanzando un poco, muy poquito, aparecen estos ideólogos del negacionismo, del tirar de vísceras… Y ese pasito que tanto nos ha costado dar se borra con dos pasos hacia atrás… Nuestros jóvenes están manifestando una intolerancia y un machismo rancio injustificable en gente de tan corta edad. Quiero pensar que estamos a tiempo, que entre todos podemos darnos una oportunidad para crecer como sociedad y mejorar nuestra convivencia, pero hace falta mucha, mucha educación y menos demagogos banalizando la violencia y la situación de indefensión de la mujer ante cretinos que niegan lo más evidente.
Recibe y escucha mis aplausos, Matilde. Te noté el enfado, pero está bien justificado. ¿Cómo acabar con esto? Todo parece indicar que de alguna manera, muy importante, se está involucionando. A veces me «inquieta» pensar que algunos de estos jóvenes (para lo que quieren), también serán los que tengan la sartén por el mango en un futuro.
Gracias, me gustó como lo has descrito.
Feliz noche, y ya, buen fin de semana.
Pues sí.
Estaba y estoy enfadada. No es posible ni tolerable esta involución, como muy bien calificas tú. No es posible que nuestros jóvenes, nuestro futuro, crezca de espaldas a esta realidad.
Inquietante, preocupante y deleznable.
Gracias