Hilos de imaginación
Únicamente los niños aplastan su nariz contra los vidrios, decía «El Principito». Hoy arranca la historia en un escaparate decorado con hilos de imaginación.
Únicamente los niños aplastan su nariz contra los vidrios, decía «El Principito». Hoy arranca la historia en un escaparate decorado con hilos de imaginación.
La calle era un hervidero de voces infantiles que Guillermina contemplaba como si la primavera acabara de llegar. Las lluvias de los últimos días había dejado una luz dorada en las aceras que ella trasladaba a los campos de su pueblo tras la ventana.
A Guillermina, octogenaria enferma de Alzheimer, le gustan los huevos, aunque a veces no se acuerda. En su encuentro con el mozo que trae la compra del súper surgen los huevos, pero no sabe por qué… solo sabe que si piensa en ellos, la boca se le hace agua. Capítulo 3 del relato: «Y de pronto, mi madre…»
Guillermina, nuestra protagonista octogenaria enferma de Alzheimer, navega en este segundo capítulo en un carrusel de emociones que la llevan del llanto a a la risa con toda naturalidad. Tras una semana confinados su hijo Luis, a sus cuidados día y noche, ya ha olvidado prácticamente su vida anterior a la pandemia.
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Matilde Bello
Periodista y escritora
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