Respiración contenida
Una niña observa desde su ventana, con la respiración contenida, la partida de su padre. ¿Adónde se dirige que causa tanta zozobra a la pequeña?
Una niña observa desde su ventana, con la respiración contenida, la partida de su padre. ¿Adónde se dirige que causa tanta zozobra a la pequeña?
Únicamente los niños aplastan su nariz contra los vidrios, decía «El Principito». Hoy arranca la historia en un escaparate decorado con hilos de imaginación.
La calle era un hervidero de voces infantiles que Guillermina contemplaba como si la primavera acabara de llegar. Las lluvias de los últimos días había dejado una luz dorada en las aceras que ella trasladaba a los campos de su pueblo tras la ventana.
A Guillermina, octogenaria enferma de Alzheimer, le gustan los huevos, aunque a veces no se acuerda. En su encuentro con el mozo que trae la compra del súper surgen los huevos, pero no sabe por qué… solo sabe que si piensa en ellos, la boca se le hace agua. Capítulo 3 del relato: «Y de pronto, mi madre…»
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Matilde Bello
Periodista y escritora
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